Domingo 26 DE Mayo DE 2019
Opinión

¿Algo para festejar?

Si no nos damos cuenta de lo que hemos avanzado, será porque poco conocemos de nuestra realidad y nuestra historia.

Fecha de publicación: 16-01-16

El respeto por los derechos humanos de los guatemaltecos ha tenido avances sumamente significativos y tan es así que fuimos capaces de festejar –por primera vez a lo largo de toda nuestra historia– que las manifestaciones habidas en el pasado 2015 hayan podido realizarse sin cortapisa alguna –garantizado plenamente el ejercicio, de todos los derechos ciudadanos.

¿No es esto, acaso, digno de festejo?

Pudimos festejar el respeto por la vida y por la integridad física de todas las personas que se dieron a expresar su descontento; respetado el derecho de libre emisión del pensamiento y los derechos de asociación, manifestación, reunión y petición –derechos humanos todos y, todos, absolutamente respetados.

¿Hubo, acaso, algún otro momento de nuestra historia con un respeto semejante?

¿Nada que festejar?

Afortunadamente –lo que nosotros no vemos– lo ven otros y, así, desde fuera, se vio admirable el ejercicio democrático que fuera realizado por nuestra población urbana –no solo capitalina– respetados sus derechos.

Ejercicio y respeto que condujeron a la celebración de elecciones libres y a la constitucional transmisión del mando, depositado el poder en aquellos que fueron favorecidos por el pueblo.

¿Nada que festejar en materia de derechos humanos? ¡Por favor! ¡Conózcase, al menos, un poco de nuestra historia!

Resulta también esta una ocasión propicia para refutar, con el debido respeto, al Procurador de los Derechos Humanos con su calificación hecha del Estado de Guatemala como la de un Estado fallido, olvidando –pequeño detalle– que forma parte del mismo.

Deficiencias en el Estado –graves, y muchas, como muchas, y graves– las violaciones de derechos humanos que persiste, en otros ámbitos: grave la pobreza de amplios sectores de la población y grave la desatención de los servicios básicos pero, tan no es fallido nuestro Estado, que sus instituciones lograron reaccionar y en esta pasada crisis –“si las palabras convencen, el ejemplo arrastra”– se evidenciaron capaces de una sucesión constitucional incuestionable.

Las calificadoras internacionales de riesgo –las de prestigio– es importante que se sepa –mantuvieron su misma calificación sobre Guatemala– a pesar de la crisis –fortalecida incluso su calificación por la respuesta institucional del Estado.

Hablar de Estado fallido –hablar no cuesta nada– y abstenerse de reconocer avance alguno en cuanto al respeto de los derechos humanos no ayuda absolutamente en nada para superar la situación de aquellos que se siguen conculcando. ¿Cuesta tanto comprenderlo?

Está bien que sean Antígona –a secas– tan solo denunciantes –quienes en nada participan del ejercicio del poder pero que un funcionario que lo tiene no pase de serlo– no pase de la denuncia a la acción –no se justifica–, en sus manos las acciones que pueden corregirlo y encauzarlo

Y, por cierto ¿Qué pasó en Los Pajoques? ¿Se encuentran acaso procesados quienes, incumpliendo con sus deberes, permitieron que la masacre llegara a perpetrarse? ¿Existe proceso, acaso, en contra de aquellos que no prestaron al Procurador de los Derechos Humanos la asistencia necesaria para que este, por su parte, cumpliera con los suyos?

¿No interesa –acaso– lo ocurrido en Los Pajoques?

Cal y arena pero –jamás– un Estado fallido: Muchísimos otros países no hubieran sido capaces de superar –dentro del orden constitucional– la crisis que vivimos ni lograr la sucesión legítima en el ejercicio del poder.

Falta mucho del camino ¡Qué duda cabe! pero existe mucho camino recorrido y el no reconocerlo, además de faltar a la verdad, en nada beneficia.

Hablar menos y actuar más: las acciones correctivas en sus manos, las del Procurador. La palabra, sí, pero –a la par– la acción.

Tan importante como la denuncia –el conocimiento de la historia– y, a su luz, el necesario reconocimiento –digno de festejar– de lo que, felizmente, hemos logrado: Respeto por la protesta y por los derechos humanos ejercidos, realización de elecciones libres y transmisión legítima del poder.

¿Mucho el camino que falta por recorrer? ¡Sin lugar a dudas! Pero mucho, también, el camino recorrido.

Una nueva página ha comenzado a escribirse en nuestra historia por quien no tiene otra pretensión que la de ser salvo –y preservarse salvo– para servir. Si lo consigue, suficiente: Todo lo demás habría de caer, entonces, y caerá, por simple añadidura.