Sábado 17 DE Noviembre DE 2018
Opinión

¿Polarizados? Sí, ¡Polarizados!

Quebrar paradigmas equivocados impone un tránsito difícil, pero ineludible.

— Carol Zardetto
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Hoy es un día antes de la toma de posesión del nuevo gobierno. Encontrará un país polarizado. Y no es que sea una cosa nueva. El asunto es que la polarización va tomando forma política en la medida en que las posturas por una Guatemala más democrática e incluyente van sumando gente y organización.

El tema de los militares recientemente aprehendidos por crímenes de guerra ha sido un buen catalizador para sacar a flote pensamientos consolidados en las cabezas de la “derecha dura” de este país. Una señora afirmaba en las redes sociales: “El ejército tenía harta obligación de defender a Guatemala”. En esta escueta frase está contenida la semilla del mal. ¿De qué Guatemala hablaba la señora? Y, peor aún: ¿qué Guatemala no queda incluida en su concepción? Obviamente los asesinados: niños, mujeres, ancianos, hombres desarmados de los poblados indígenas del triángulo ixil, de las Verapaces o de Quiché no son Guatemala para mucha gente. Son esos otros, incómodos, que solamente sirven para protestar. ¿Por qué no se conforman? ¿Por qué tienen este ímpetu estorboso de salir adelante o de ser felices? ¿Por qué buscan soluciones para sus problemas que perturban a la Guatemala que cuenta? ¿Por qué se sienten con el derecho de desear?

Otro señor afirmaba que la libertad a opinar se la debíamos a los militares. ¡Genial! Me imagino que las familias de Manuel Colom Argueta, Alberto Fuentes Mohr u Oliverio Castañeda (para hablar solo de gente de su círculo social) podrían darle a este señor una cátedra de cómo trataron los militares quienes se atrevieron a hacerlo.

En vista de lo anterior, la polarización es urgente. Necesitamos plantear nuevos imaginarios. Imaginarios que rompan con paradigmas consolidados alrededor del racismo y del clasismo; que rompan con la presunción de que la desigualdad es un designio divino; que nos aclaren que la dignidad de cada uno de los guatemaltecos es el único fundamento válido del Estado; que quiebren, de una vez por todas, un esquema económico basado en la explotación, en los privilegios para los sectores poderosos y, sobre todo, en la injusticia.

Los que tan apasionadamente se oponen a juzgar los crímenes de guerra, ciertamente defienden una manera de ver la vida. Y su solidaridad con los militares está vinculada a una complicidad sentida. Los militares aseguraron la permanencia del statu quo. Para que soluciones más justas puedan ser consideradas, para que el ciudadano guatemalteco pueda nacer ¡finalmente! es preciso quebrar con vicios del pensamiento que no permiten el buen vivir. Por ello la polarización es fundamental. Es urgente que nuevas ideas quiebren en pedazos los pilares de un Estado cuya historia solamente puede infundirnos horror. Y no, no soy comunista.

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