Viernes 24 DE Mayo DE 2019
Opinión

El “Mea culpa” de Bill Clinton en Guatemala

Es oportuno recordar, transparentar y conocer a fondo estos y otros hechos registrados en documentos desclasificados de los actores extra regionales que participaron e incidieron en la guerra interna.

Fecha de publicación: 15-01-16

La presencia del comandante en jefe de la revolución cubana, Fidel Castro Ruz, en Nicaragua para la celebración del primer aniversario del triunfo de la revolución sandinista el 19 de julio de 1980 presagiaba y de hecho así fue la intensificación de las ofensivas militares de los movimientos insurgentes en El Salvador y en Guatemala que en aquellas circunstancias creían que habían ciertas condiciones para el eventual triunfo a corto plazo de las revoluciones armadas en estos dos países.

Castro de regreso en Cuba se refirió el 26 de julio a su visita a Nicaragua de la siguiente manera, “La emoción de llegar al segundo país latinoamericano que se libera del imperialismo. En el ámbito hemisférico ya no solo somos dos, somos tres, puesto que hay que incluir a Granada”. Afirmó más adelante que, “La experiencia de Guatemala, la experiencia de El Salvador, la experiencia de Chile, la experiencia de Bolivia, ¿Qué nos enseñan? Que no hay más que un camino: ¡la revolución! Que no hay más que una forma: ¡la lucha armada revolucionaria!”.

El liderazgo y el prestigio de los cubanos y en especial el de Fidel Castro ante los movimientos revolucionarios de Centroamérica se acrecentaba por los éxitos político militares que habían logrado en el África, particularmente en la guerra de Angola.

En el contexto de la tensa confrontación ideológica y militar de la Guerra Fría, esta y otras circunstancias globales como la revolución islámica en Irán y la invasión soviética a Afganistán ambos hechos ocurridos en 1979 contribuyeron a que el resultado electoral de las elecciones presidenciales en los Estados Unidos de América del 4 de noviembre de 1980 favorecieran al candidato republicano, Ronald Reagan, quien gobernaría desde la Casa Blanca de 1981 a 1987.

La consolidación del régimen sandinista y la intensificación de los conflictos armados en El Salvador y en Guatemala en los que se manifestaba claramente la creciente influencia y la asistencia de diferente naturaleza cubana y soviética, se convirtieron en una amenaza seria y por ello en una de las prioridades de la agenda de seguridad internacional de la administración Reagan.

Centroamérica por consiguiente se transformó, previo a que iniciaran los procesos democráticos, de diálogos de paz y de reconciliación internos en los de los años ochenta, en un teatro de operaciones de carácter militar de múltiple naturaleza sobre todo aquellas encubiertas e ilegales que trasgredieron normas internacionales en la que actores extra regionales incidieron y promovieron en un momento dado una confrontación que fue cruenta y que en Guatemala 35 años después aún persisten sus resabios.

Por parte de los Estados Unidos, el presidente demócrata, Bill Clinton (1993-2001), consciente del alcance de la participación de su país en la guerra interna hizo un “mea culpa” durante su visita a Guatemala en marzo de 1999 tres años después de la firma de los Acuerdos de Paz. El presidente Clinton expresó en aquella ocasión, “Para los Estados Unidos es importante que yo exprese claramente que estuvo mal el apoyo a unidades militares y de inteligencia que se involucraron en violencia y en una amplia represión y que los Estados Unidos no deben repetir este error”.

Es oportuno recordar, transparentar y conocer a fondo estos y otros hechos registrados en documentos desclasificados de los actores extra regionales que participaron e incidieron en la guerra interna para tener un balance histórico no parcializado ni sesgado que aporte elementos de juicio en honor a la verdad y a la justicia. Afortunadamente, la Guerra Fría cerró su último capítulo formal en América Latina con la reanudación de las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos.

Ahora bien, celebramos la juramentación del nuevo presidente de la República, Jimmy Morales, quien recibió para ello un amplio e inequívoco mandato ciudadano, pero que hereda junto a su vicepresidente, Jafeth Cabrera y su gabinete como el nuevo Congreso de la República y demás instancias de gobierno desafíos simultáneos, serios y complejos en diversos campos de la gestión pública, en la gobernabilidad democrática, en el fortalecimiento del Estado de Derecho y en la lucha contra la corrupción y contra la impunidad.