Domingo 21 DE Julio DE 2019
Opinión

El último de los liberacionistas

Sesenta años para salir de esta rémora.

Fecha de publicación: 14-01-16
Por: Helmer Velásquez

El inicio y el fin de los ciclos de la historia, suelen ser imperceptibles a las sociedades, no les concedemos la importancia, que en ulterior análisis les asignan los estudiosos, regularmente les damos el tratamiento de sucesos del orden cotidiano. Esta es la percepción que he tenido, ahora que el interino presidente Maldonado Aguirre, evocó el pensamiento de las gavillas anticomunistas del 54, en las que –como se sabe– se formó ideológicamente. Los primeros pasos los habría dado de la mano del pensamiento de su abuela. Un poco de contexto: es historia conocida que de 1954 para acá, los liberacionistas y su brazo político el Movimiento de Liberación Nacional –fundado y financiado por Estados Unidos de América– estuvieron enquistados en el poder político de este país, y que desde aquella posición encubrieron corrupción y crimen. Las dictaduras militares, fueron correlato de los gobiernos “Liberacionistas”; en donde esta gavilla nunca perdió influencia, incluso, durante la apertura democrática permanecieron agazapados en la “seguridad del Estado”, desde donde coaligados con militares intentaron derrocar a Vinicio Cerezo.

En términos de desarrollo económico social, debemos a esta horda buena parte del atraso que sufre el país. El “líder” de aquel Movimiento Político fue el Cristo Negro de Esquipulas, lo cual explica los arrestos del gobierno de Maldonado Aguirre de hacer General de los Ejércitos al Cristo de la Merced. Vaya ínfulas. Los aliados internacionales, de la horda liberacionista y consecuentemente del “Gobierno de Guatemala”, de los años cincuenta a los ochenta, fueron los dictadores más atroces de América Latina, todos olvidados por la historia y aborrecidos por sus pueblos. Estos, los de la Liberación, pretendieron condenar a la sociedad al oscurantismo, y determinar qué se podía leer y qué no. Desde su poltrona señalaban qué era comunismo, quién era comunista y si debía continuar con vida o no. Las demandas salariales, siempre las “entendieron” como argumentos marxista-leninistas y ante tal situación sus promotores debían ser aniquilados. Lo dicho por Alejandro Maldonado en Guastatoya, es la síntesis perfecta de esta cavernaria forma de pensar.

Sin embargo, ante aquel exabrupto, algo está claro: esta sociedad no está dispuesta a tolerar más disparates y crímenes de políticos extraídos de la ultraderecha cavernaria. Llegó la hora de su extinción. Sesenta años después, la sociedad, se hartó de los liberacionistas. El último de la estirpe empieza la ruta de los elefantes. Cuánto daño hizo esta horda al pueblo de Guatemala. Cuánta sangre y perversión política hubiésemos evitado.