Lunes 19 DE Noviembre DE 2018
Opinión

La ley de los tres tiempos

Algunos creen que la edad de piedra se acabó por falta de piedras y la quieren resucitar.

— Amílcar Álvarez
Más noticias que te pueden interesar

Los incentivos fiscales al desarrollo industrial permitieron a muchas empresas consolidarse en el mercado nacional e internacional, contribuyendo al crecimiento económico y desarrollo del país. Incorporando tecnología de punta compiten en calidad y precio con éxito y con responsabilidad social cumplen sus obligaciones tributarias. Pagan salarios dignos y capacitan a los trabajadores, mejorando sus ingresos y su calidad de vida. Como no hay dos sin tres, otros viven a la sombra del Estado, pensando que pueden disfrutar ad eternum de los beneficios que se han otorgado por tiempo determinado, tergiversando la finalidad de la ley al convertirlos en utilidades.

Por el abuso generalizado de esos privilegios que se traducen en competencia desleal, la Organización Mundial de Comercio OMC, los reguló y prohibió a los países miembros –Guatemala incluida– que a partir del 2015 se exonerara el ISR a los exportadores por considerarlo un subsidio. Por años –26– las maquilas se acogieron a ese régimen y otros sin esa calidad salieron beneficiados. En el proyecto inicial de la Ley de Promoción de Inversión y Empleo eran 65 años de exoneraciones, incluyendo empresas que de maquila tienen lo que un gato de astronauta, reduciendo el plazo a diez por generosidad. Poniéndole la tapa al pomo impulsaron el salario diferenciado, atendiendo según su criterio, el clamor popular de varios municipios. El argumento toral: Peor es nada. De modo y manera que a ese paso, no faltará un iluminado que proponga la ley de los tres tiempos: Comida por trabajo. Con un menú variado y una simple sugerencia: Lo toma o lo deja. Desayuno: Un muñeco de tortillas con chile y sal. Almuerzo: Otro muñeco con sal y chile y de postre un jocote. Cena: Lo que sobra y se lo pueden llevar para compartir con el chucho. Como la felicidad engorda, el lunes caldo de morcilla con piquete para curarse la cruda, evitando que los inspectores de trabajo reporten que les gusta laborar de goma, lo cual afecta su prestigio y la productividad. Por el mérito de dar trabajo en condiciones parecidas a las del siglo XII, los coreanos esperan que los condecoren antes de que el leninista de don Alex entregue la guayaba, y se vayan sin pagar las prestaciones de ley como hacen a cada rato, dejando a la gente con los colochos hechos sin ganas de irse de mojados, y a los vagos que criticamos sin parpadear: Indignados.

Lo que debe hacer el próximo Gobierno con fines estadísticos, es verificar el número de verdaderas maquilas instaladas, la cantidad de trabajadores que dicen tener, el monto de impuestos que no han pagado en 26 años y sus respectivas utilidades. La sorpresa será de película. Si se van del país, por los miles de millones de quetzales de impuestos exonerados, el Estado debe comprarlas a un precio simbólico y venderlas a los trabajadores para que formen cooperativas con asesoría internacional y surjan nuevos emprendedores eficientes. Es un proceso que dado el caso, vale la pena evaluar. No se trata de estar en contra de nadie, es simple, en este siglo no cabe el mercantilismo. Y si no hay acuerdo, que trasladen sus empresas a Líbano, si permiten pagar esos salarios. De persistir los gobiernos en su exitosa política salarial y fiscal, van a lograr el milagro de que emigren 12 millones de jóvenes y no dos a la tierra del tío Samuel, los resultados hablan solos. Al escuchar el maravilloso relato de los que se van, un gringo piadoso dice: Mí, no entender por qué huir de ese beautiful country, si estar a toda mother. Welcome, en nombre de míster Trump mañana los deportamos. Algunos creen que la edad de piedra se acabó por falta de piedras y la quieren resucitar. Aquí hay bastantes de todos los colores y tamaños…

Etiquetas: