Sábado 22 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Vida de calle

Necesitamos construir una ciudad de verdad: una que maraville a sus habitantes y, de vez en cuando, provoque la imaginación de algún niño.

— Luis fernando cáceres
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El sábado pasado noté que en uno de los centros comerciales de la ciudad se formaba una gran cola de automóviles para entrar al parqueo subterráneo. Me alegró –honestamente– por ellos porque generar la cantidad de tráfico que pasa por sus corredores no es cosa fácil sin embargo, me pareció burlesco y, por un momento, quizá hasta triste. Digo porque en general pasar tiempo en un centro comercial no es una actividad muy enriquecedora. Lo sería mucho más, por ejemplo, poder caminar por las calles y avenidas de una ciudad y parar por sus tiendas a comprar una que otra cosa, hacer pausas en sus cafés, notar alguna galería nueva y terminar la noche comiendo en algún restaurante. No veo cómo encerrarse en ningún lugar pueda ser algo enriquecedor. Queda claro que el hecho de que acá eso sea una actividad cotidiana –aún el 9 de enero que dudo pueda ser una fecha de alto consumo– no es la culpa ni de los centros comerciales ni de los comercios, sino más bien es la culpa de un ciudadano poco imaginativo, de un entorno poco seguro y, sobre todo, de una inadecuada formulación de lo que esta ciudad pudiera ser. Mala formulación que claro tiene parte de su razón de ser en la gestión actual, pero las administraciones pasadas tienen una cuota de culpa por lo menos igual de grande.

Las ciudades que tendemos a admirar y que podemos considerar como exitosas suelen tener una composición muy diferente a la ciudad de Guatemala. Si consideramos que una ciudad es exitosa por la cantidad de turistas que la visitan y por un flujo migratorio significativamente positivo,  es decir  que un número muy superior de personas se muda a vivir a ella comparado con la cantidad de personas que la abandonan, posiblemente París y Nueva York sean listadas en las primeras casillas de cualquier conteo. Y lo que notaremos al ver ambas ciudades son cinco elementos básicos: una gran cantidad de parques y áreas públicas; transporte público adecuado; seguridad; oferta de vivienda adecuada y contacto con sus habitantes.

El aspecto de parques y áreas públicas es uno muy importante porque permite desarrollar mucha de la convivencia civil que enriquece la vida en una ciudad. Para seguir con el ejemplo de las ciudades de arriba notemos que París cuenta con 421 parques y jardines públicos ­–lo cual me parece un número inmenso– y  Nueva York lo consigue sobrepasar con la increíble cantidad de 1,700 parques y espacios públicos registrados. Esto claramente representa una diferencia abismal con la oferta de esta ciudad y, esa gran diferencia, explica mucho (no todo, pero ciertamente mucho)  de la divergencia en el nivel de vida que experimentamos los ciudadanos de esta ciudad comparados con los de aquellas dos.

Conseguir espacios para parques no es cosa fácil y muchos de los jardines, parques y espacios que existen en las dos ciudades que hemos tomado de ejemplo, fueron constituidos a lo largo de muchas décadas. Es por eso que reparto la culpa tanto a las gestiones pasadas como a la actual. Sin embargo, también es cierto que actualmente las autoridades podrían hacer un esfuerzo significativamente mayor al que están haciendo. Un ejemplo actual de lo mucho que se puede lograr es la gestión de Amanda Burden, quien fue la directora del departamento de planeación de la ciudad de Nueva York en la administración del alcalde Bloomberg. El trabajo de Burden es el mejor ejemplo de lo que se puede lograr en solo dos periodos electorales: a ella habrá que agradecer la revitalización de la parte baja de Manhattan, la existencia del maravilloso parque lineal Highline, el acceso a las orillas del East River en Brooklyn y, sobre todo, la recodificación de la ciudad y el subsecuente rediseño del acceso a transporte público.

Así que queda claro que se puede hacer más, pero también queda claro que nosotros, los ciudadanos, debemos aspirar a más. Necesitamos espacios públicos, parques, sistemas de transporte eficientes, vivienda céntrica y comercio local. Necesitamos, nos urge, abrir los espacios públicos nuevamente y poder disfrutar de nuestra ciudad.

Necesitamos construir una ciudad de verdad: una que maraville a sus habitantes y, de vez en cuando, provoque la imaginación de algún niño.

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