Martes 20 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Imprescindible Política de Paz

Somos testigos de la profunda división y polarización de la sociedad en la que se evade el debate.

— marcela gereda
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Lo dijimos antes de las elecciones y lo volvemos a reiterar a pocos días del cambio de gobierno: hacer elecciones en “esas” condiciones, tras una campaña electoral cundida de violaciones, que eran solo el resultado de cuatro años del sistema delincuencial Pérez-Molinista, fue potencializar una nueva camarilla de ladrones y criminales.

La nueva variable es que, esta vez, la Embajada estadounidense junto con el MP, decidieron aprender la lección, y antes de la toma de poder, ejecutaron órdenes de captura mandando un claro mensaje a los titiriteros de Jimmy Morales.

En este contexto político interno y externo, el ciudadano Jimmy Morales, que ve en la cuerda floja a algunos de sus aliados más cercanos, solo tiene una salida ante un Estado en bancarrota, colapsado y con el ojo directo del tío Sam, listo para actuar al más mínimo desliz: llenarse de realismo y pragmatismo, olvidando sus compromisos oscuros y tomar la oportunidad de crear y gestionar una  Política de Paz.

Con las noticias de estos días pasados de los militares a juicio, somos testigos de la profunda división y polarización de esta sociedad en la que se evade el debate y se huye de la propia historia. Hay entre nosotros un ancho y elevado desconocimiento de la situación del país, de los episodios más dolorosos y crueles de nuestro pasado.

Tras las recientes noticias, escuchamos y leímos en las redes sociales opiniones baratas que revelan nuestra incapacidad de debatir lo que somos y  una incapacidad social de salir de la unicidad del pensamiento y aprender del arte de debatir y disentir. Hay entre nosotros una mínima libre circulación de ideas e incapacidad para hacernos las preguntas necesarias de qué somos, qué podemos ser y hacia dónde queremos caminar para dejarnos de mirar unos a otros como “resentidos”, como “comunistas”, y seguir divididos en eso que ya solo existe en nuestro imaginario “derecha” vrs. “izquierda.

Dada la bomba de tiempo que somos como sociedad convulsionada y atravesada por un inmenso conflicto étnico y de clase, al nuevo gobierno de turno le toca asumir la responsabilidad histórica de generar una Política de Paz que incluya salir de la economía monopolista que provoca esta desgarradora desigualdad, generar programas de salud reproductiva, establecer diálogos interculturales, interclasistas e interétnicos porque los guatemaltecos no parecemos haber comprendido que la paz no solo se firma, sino sobre todo se debe construir y materializar en la cotidianidad.

Por ello una Política de Paz tendría que pasar por cuatro ejes urgentes: primero, generar una economía de libre competencia y oportunidades laborales para un amplio crecimiento de las capas medias; segundo, llamar a historiadores, científicos sociales y artistas para dialogar con la meta de generar una historia que nos pueda unificar y representar como sociedad; tercero, establecer serios programas de salud reproductiva; cuarto, definir nuestra elástica e híbrida identidad para que nos la podamos apropiar y en ella nos podamos reconocer todos como nación conformada por todo ese andamiaje complejo que somos.

Acaso no comprendemos que la incapacidad de debatir y el intento del silenciamiento del pensamiento y de las ideas no caben en una democracia. Cabe solamente en el oscurantismo nefasto, pero al fin tan presente, que vivimos y por el que estamos todos atravesados.

Los dirigentes del país no comprenden que la calidad de la política y de la sanidad de una sociedad está dada entre otras cosas por la capacidad de dialogar y debatir ideas, y para ello hace falta una seria y profunda Política de Paz, una que esté diseñada por representantes de los diversos sectores que componen esta dividida sociedad. Dialogar es lo contrario de combatir. Dialogar exige renunciar a los fundamentalismos que llevan a no pensar. Supone salir de dogmatismos y de creernos dueños o poseedores de “La verdad”. Recordar que somos apenas fragmentos de verdad y que todos poseemos un pedacito de “verdades”.

Vivimos en contextos de desigualdad que azotan sin escrúpulos y sin medida a esta extraña geografía llamada Guatemala. Entender, comprender las hondas raíces de las que somos producto y transformar este país donde nos tocó nacer con disciplina y rebeldía, cuestionando este sistema, es no solo nuestra responsabilidad sino la tarea que hemos de heredar a nuestros hijos.

El reto es impresionante pero vital.

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