Domingo 23 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Aguas turbulentas

Vamos tendiendo puentes que nos libren del desastre.

— Anamaría Cofiño K.
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Pasaron los jolgorios y la vacación, comienza la cotidianidad con una carga acumulada de nubarrones. Empieza un periodo con un nuevo equipo de gobierno que no tiene los visos de poder capear el temporal.

La tensión que generaron los despidos y las capturas de funcionarios, la frustración que dejaron unas elecciones impuestas, donde votar fue como guindarse la soga al cuello, el cúmulo de problemas arrastrados desde hace años y el de por sí endeble tejido social presentan un panorama que asustaría hasta el más aguerrido héroe mitológico.

Jimmy Morales, sin experiencia y con un equipo de dudosa procedencia, no cuenta con los requisitos necesarios para conducir esta barca llena de agujeros. Ni él ni quienes le rodean parecen tener la intención de hacer los cambios necesarios para salvar esta crisis. Lo poco que ha logrado transmitirnos son vaguedades y propuestas que agravarían más la ya aflictiva situación. Plantear que el desarrollo debe basarse en el extractivismo sin contemplar el daño ecológico es ofrecer un conflicto garantizado. No porque la oposición se niegue por capricho, sino porque el modelo está más que comprobado, deteriora y destruye el entorno. Todos conocemos los ejemplos. Guatemala lleva años de padecer las consecuencias de operaciones industriales que en nada han mejorado las condiciones de vida de las mayorías, y cada día es más notorio el daño que han provocado.

En cuanto a la violencia y seguridad que afligen a la ciudadanía, sobre todo a las mujeres, tampoco se ve perspectiva de resolución. No puede detenerse la criminalidad sin ponerle coto al armamentismo. Más hombres armados, más delitos impunes. Un gobierno que de verdad quisiera cambiar la situación tendría que partir de sus propios conceptos, de lo que entiende por bienestar común. Pero esa forma de pensar no empata con el espíritu emprendedor que ve en la competencia un rasgo fundamental para funcionar. En vez de promover la solidaridad, la colaboración, la búsqueda consensuada de soluciones, repiten los discursos que defienden el enriquecimiento de unos en detrimento de los demás.

Si el próximo presidente en realidad quisiera sacar a Guatemala del atasco, hace tiempo que tendría que habernos presentado su propuesta para discutirla y llegar a acuerdos. Pero el estilo de su escuela militarista es jerárquico y autoritario, trabaja a espaldas de la gente, impone sus criterios y adversa a quienes se le oponen.

De nuestro lado, quienes hemos planteado la necesidad de priorizar la justicia en la agenda nacional, hemos manifestado nuestro descontento e indignación hasta el cansancio, explicando lo que creemos que se debería hacer: reformular el sistema político para que sea auténticamente democrático; tomar medidas económicas que emparejen más las relaciones y permitan vivir dignamente a todas las personas; eliminar todas las formas de discriminación y exclusión; cuidar y conservar el entorno natural. Mínimo.

Como los milagros no ocurren, ahora nos toca prepararnos para participar en las transformaciones que pongan punto final a la impunidad.

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