Domingo 23 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Relaciones Internacionales de Guatemala 1821-2016 (Parte II)

La economía local continuó con relativa autonomía, aunque el comercio exterior quedó dependiente del comportamiento económico de EE. UU.

— Fernando González Davison
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Continuando con la síntesis de mi libro que lleva dicho título, habiendo dejado a Cerezo como el gran gestor de los Acuerdos de Esquipulas, vino a continuación el colapso de la Unión Soviética y Centroamérica alcanzó una paz relativa. Se le dio al Mercado Común un nuevo nombre: Sistema de Integración Centroamericano, SICA. EE. UU. apostó por ese proyecto y se distanció de sus antiguos interlocutores (Ejército y empresarios), para ayudar a consolidar la democracia. Europa dio el ejemplo de integración para Centroamérica. Quedaron atrás los días cuando la CIA permitió el tráfico de cocaína colombiana en Centroamérica para financiar a los “Contras”. Pero Miami fue blindada por la DEA y el narcotráfico encontró en Centroamérica el paso necesario para continuar hacia México y, de ahí, a EE. UU. El narcotráfico, así, comenzó a minar la institucionalidad del Istmo.

Al concluir la Guerra Fría en 1991 el mundo cambió por completo. Se pasó del mundo bipolar al multipolar. EE. UU. mantuvo su hegemonía en el mundo pero cambió su política de poder por una más flexible, abierta a las Naciones Unidas, a la democracia, a la justicia. También creo el Consenso de Washington, para liberar las economías en el mundo con la vieja consigna inglesa del siglo pasado de “dejar hacer, dejar pasar”. En los países estatistas que se salieron de la economía planificada fue el caos con las privatizaciones de empresas estatales donde la corrupción campeó como nunca. La democracia era positiva pero no el neoliberalismo privatizador, porque fortaleció la economía de exclusión social y quebró a las nuevas democracias, abriendo más la brecha entre ricos y pobres. Eso no afectó mucho a Guatemala porque eran contadas las empresas estatales.

Pero la empresa de telefonía fue una tentación para la corrupción.

El proceso de integración centroamericano no avanzó como se deseaba en el plano social, cultural, económico. Las democracias quedaron en manos de los narcos y de las tradicionales elites autistas. El cáncer por la corrupción comenzó a corromper la justicia, el Legislativo, el Ejecutivo. Secuestraron los Estados incluyendo el de Guatemala. Así, la clase política se puso a su servicio y el cáncer de la corrupción hizo naufragar al Estado desde que comenzó el nuevo siglo XXI.

No obstante, la economía local continuó con relativa autonomía, aunque el comercio exterior quedó dependiente del comportamiento económico de EE. UU. y de las remesas de US$5 mil millones al año de los emigrantes a sus familias. Ese monto solo lo supera México. Eso y el dinero circulante del narcotráfico, de igual monto, le dieron estabilidad a la economía. Empero la pobreza creció más por la falta de una buena redistribución del ingreso. Guatemala y los países centroamericanos son parte de los 150 estados pequeños con población menor a los 20 millones de habitantes del mundo. De ahí la necesidad que los vecinos se unan para intensificar su comercio y cooperación. Crece la interacción con México, Estados Unidos y los países centroamericanos con los que hay que superar viejas contradicciones y desconfianzas. Y verse como socios para enfrentar los desafíos de la globalización y la integración hemisférica.

La cooperación es necesaria para resolver los males del subdesarrollo, la pobreza, la corrupción, causados por una clase política que secuestró las sociedades de la región. Esa lucha contra la impunidad se concretizó en el hecho histórico de llevar a proceso y a prisión a la Vicepresidente y al Presidente de Guatemala en 2015. La pésima imagen externa de ambos afectó al país pero la proyección valerosa de los guatemaltecos contra la corrupción durante cuatro meses de manifestaciones fue la admiración en el mundo. De ahí que el nuevo Gobierno en 2016 debe tener un proyecto de mediano plazo y una agenda externa clara como la que sustenta el texto en su último capítulo. Agradezco a José Molina Calderón sus amables comentarios pues indica que se trataba de “una investigación completa y un esfuerzo valioso”.

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