Jueves 18 DE Abril DE 2019
Opinión

Salarios mínimos: Decisión acertada

Esta es una lección de pragmatismo político y económico que parecen no comprender los privilegiados líderes del sindicalismo público y sus aliados de los derechos humanos.

— Hugo Maul R.

A principios de abril del 2015, Daniel Ortega anunciaba que “una empresa canadiense (…) tiene (…) una inversión grande en (una) zona franca … en Nicaragua, (de) unos 6 mil empleos (la cual iba) a abrir más fuentes de trabajo (…) 16 mil puestos (más)”. La empresa en cuestión, opera tres plantas de confección de vestuario situadas afuera de Managua: Rivas, 120 kilómetros al sur de esa capital; Masatepe a 50 kilómetros, y; San Marcos a unos 45 kilómetros. Según lo explicaba el delegado presidencial para las inversiones, dicha empresa escogió estos poblados gracias a su “acceso a la Carretera Panamericana… y la disponibilidad de mano de obra”. (www.laprensa.com.ni, “Calculan 10 mil nuevos empleos”, 3 de mayo de 2015).

Además de las tres razones ya mencionadas, de la localización, disponibilidad de mano de obra e incentivos fiscales, otro factor para la inversión fue el nivel del salario mínimo. A un salario mínimo mensual en 2015 de aproximadamente US$1 por hora, más prestaciones y demás bonificaciones, tiene todo el sentido para una empresa norteamericana trasladar sus operaciones más de 3 mil kilómetros al sur de sus fronteras y cargar con el costo de transporte, el riesgo y demás problemas que conlleva operar en ambientes tan complicados y con tan poca certeza jurídica como Centro América.

Aunque este esquema productivo resulta inaceptable para muchos, lo cierto es que hasta los críticos más acérrimos han aprendido a sacar ventaja del mismo. Hasta el Sandinismo, que se define a sí mismo como “cristiano, socialista y solidario” ha comprendido que es mejor que los nicaragüenses desempleados tengan la posibilidad de conseguir un empleo y ganar US$8 por día que condenarlos a la pobreza y convertirlos en esclavos del clientelismo político y la asistencia social. Incluso en términos de garantizar el apoyo popular en las urnas electorales.

Esta es una lección de pragmatismo político y económico que parecen no comprender los privilegiados líderes del sindicalismo público y sus aliados “vigilantes” de los derechos humanos. Afortunadamente, no le tembló el pulso al presidente Maldonado al momento de fijar los salarios mínimos para la actividad de la industria ligera para las circunscripciones económicas de Masagua, Escuintla, San Agustín Acasaguastlán y Guastatoya, El Progreso, y Estanzuela, Zacapa. Él ha sabido comprender el llamado desesperado de los líderes locales para buscar soluciones a la grave falta de empleo en sus localidades.

Con todo respeto y admiración por los hermanos nicaragüenses, nada especial tienen Rivas o Masatepe. Si cada uno de estos lugares pueden crear parques industriales que contraten a más de 3 mil empleados y asegurarles un ingreso laboral de más del doble de la línea de pobreza más prestaciones y seguridad social, lo mismo y más puede lograr Guatemala en estos cuatro municipios. La lógica de la medida en Guatemala es sencilla: es mejor que las personas estén empleadas en sus lugares de origen a que no lo estén o que tengan que emigrar, y; es mejor ganar más de US$9 por día, más prestaciones y seguro social, que no ganar nada.

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