Jueves 15 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Donald Trump, Jimmy y Hillary

— Amílcar Álvarez
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No se parecen en nada. Donald es millonario y rey del mambo, Jimmy solo toca la batería pero es presidente. Comparten la tendencia de transformar la definición de política en el arte de lo imposible, sin conocimiento sistematizado ni capacitación que facilite interpretar la realidad social. De forma espontánea cautivan gente sin formación ideológica ni interés en adquirirla, convirtiéndose en un fenómeno que provoca pavor en los políticos, cuestionándose si todavía sirven para algo. El asunto es de especial interés al suceder en países que son polos opuestos. Uno es un imperio en el exterior con democracia interna y el otro, un Banana Country manejado con criterio medieval, donde la vida resuelve los problemas. De hecho, un corral de gallos y gallinas con lobos adentro.

También cuesta digerir que Trump vea el futuro de la humanidad como un negocio y en las personas un objeto, sometiendo sus valores al bienestar material. Se puede decir sin buscar una explicación racional, que embarcados en la modernidad todo es posible, desde exigir a los políticos una conducta que los dignifique, a rendir culto al hedonismo y el libertinaje en la sociedad, sin determinar la frontera entre el erotismo y la sexualidad. La raíz religiosa de esa democracia pone las cosas en su lugar. Supedita la moral pública de los dirigentes a la moral privada y si se apartan de las normas, sus aspiraciones se truncan por escándalos de diversa naturaleza. Trump es un iconoclasta que conoce las reglas y los límites establecidos sin rebasarlos. No es baboso. Su retórica desafía todo y a todos, se roba el show y se convierte en un caballo negro sin dejar santo parado, creando zozobra en sus adversarios y en los analistas, que admiten sin remedio que encabeza las encuestas. ¡Está en su salsa! Que lo nominen candidato en las primarias es otra cosa y que gane las elecciones y sea el próximo presidente, falta verlo. El temor es que termine de incendiar al partido republicano facilitando a Hillary ganar sin despeinarse en noviembre con el apoyo masivo de los latinos

A los electores les interesan dos aspectos puntuales: La seguridad y la economía. Saben que los problemas actuales fueron provocados por los halcones republicanos del Pentágono, al olvidar que la prudencia es la virtud más importante que existe y que de nada sirve la estrategia militar basada en mentiras sin conocer la realidad del enemigo. La guerra de Irak ignoró la mano de Irán, alborotando un hormiguero que pasa por la Primavera Árabe y no termina con ISIS, convirtiendo a Siria en el cementerio de las ilusiones de occidente y sus aliados por la intervención rusa. La complejidad se esconde en los siglos de guerras religiosas en esos pueblos, exacerbados por la pretensión de imponer un modelo que altera su cultura, sus costumbres. La idea era o es occidentalizar la región. A ese fracaso se suma la devastadora crisis financiera internacional del 2008, creada por la conducta delictiva de corporaciones multimillonarias. Se está superando. El crecimiento económico de  EE. UU. es aceptable, la inflación es baja y la tasa de paro del cinco por ciento es de pleno empleo.

La comparación entre Hillary Clinton y Trump no cabe. Ella derrama simpatía, conocimiento y capacidad, él es un rico tan pobre, que solo pisto tiene. Un showman que da lo mejor que puede cautivando a los que no piensan y si deciden hacerlo se equivocan. El mundo actual necesita con urgencia líderes que aporten soluciones a la tragedia en ciernes, no más circo. La posibilidad de guerras por la posesión de materias primas estratégicas incluida el agua dulce no es ficción, ni tampoco la ambición desmedida y la irresponsabilidad del hombre que destruye la naturaleza sin piedad. Este invierno avisó que no es juguete, con 22 grados centígrados en Nueva York.

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