Jueves 20 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Salarios de miseria y sobrevivencia

¿No les parece acaso este un acto inhumano e injusto?

— Marcela Gereda
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Es época de zafra y de corte de café. Doña Paula se levanta todos los días a las cuatro de la mañana para ir con toda la familia a cortar el café en la pequeña aldea de La Barranca, en Huehuetenango. Aunque son varias manos, aunque el esfuerzo es sobrehumano y agotador después del pesado sol de cada jornada, al final del mes, el salario que obtendrán será inferior a la Canasta Básica e insignificante comparado con lo que los dueños de las grandes fincas de café se pueden gastar en una cena o una botella de vino.

La Secretaría General de la Presidencia hizo público el pasado martes el acuerdo gubernativo sobre el aumento al salario mínimo de 2016, que consiste en Q3.15 para las actividades agrícolas y no agrícolas, y de Q2.53 para la industria de maquila e industria exportadora.

Para el trabajo en actividades agrícolas y no agrícolas el aumento fue de un cuatro por ciento, para las actividades exportadoras y de maquila fue de tres por ciento, lo que aún está lejos de cubrir el costo de la Canasta Básica.

Arrancaré el 2016 con obstinada insistencia a los lectores recordándoles lo que ya hemos dicho varias veces y lo que deberá ir calando en el imaginario colectivo: somos un país rico lleno de pobres, un país desigual donde las mayorías no viven sino sobreviven, somos la economía más fuerte de Centro América, pero el país con mayores grados de pobreza, desigualdad, desnutrición, baja educación y un largo como lamentable etcétera.

¿Estamos conscientes de que somos una economía de monopolios en la que no existe la libre competencia y que de nuevo estará regida por un gobierno militar que protegerá los intereses de la elite y no los de las mayorías? Una economía finquera con una profunda desigualdad y el mínimo crecimiento de las capas medias. Y así comenzamos el nuevo año con la aprobación de un acuerdo gubernativo de salarios mínimos que no alcanzan para vivir dignamente.

Cada país establece las normas legales para regular salarios mínimos y los mecanismos para determinar periódicamente su monto, generalmente en forma anual. Desde entonces, los diferentes movimientos sociales han estado presentes en la lucha por la defensa y el establecimiento de los salarios mínimos en todos los países del mundo. Una defensa por la búsqueda de vidas justas y dignas.

El salario mínimo está condicionado al valor de las monedas y a la inflación debido a que las devaluaciones monetarias hacen que el trabajador pierda poder adquisitivo.

El establecimiento del salario mínimo tendría que estar dado por una fiel y justa relación a la economía del país, en donde se pueda garantizar al trabajador el acceso a la compra de consumos básicos para una vida íntegra.

En Guatemala se empezó a establecer el Salario Mínimo en 1951, con los gobiernos Revolucionarios, el gobierno acordó un Salario Mínimo de Q1.25 diario para la ciudad y de Q 0.80 para el campo. Pero fue derogado después de la contrarrevolución de 1954. El establecimiento de salarios justos no ha sido una prioridad en la agenda de los gobiernos de turno en nuestro país.

Más bien, a lo largo y ancho de la historia, el sector empresarial se ha opuesto al aumento del salario mínimo y a salarios justos bajo el argumento ficticio de que el aumento salarial ahuyenta la inversión extranjera.

¿Cómo pueden los gobiernos de la mano del sector empresarial estar conscientes de que el costo mensual actual de la Canasta Básica Vital es de Q6,460.95, el de la Canasta Básica Alimentaria Q3,540.60 y aún así estar solo dispuestos a pagar el salario mínimo de Q2,644.40?, ¿no les parece acaso este un acto inhumano e injusto?

Somos una economía monopolista y finquera, de pensamiento y acción, con una inhumanidad sobrecogedora, una extraña geografía en donde se pretende conseguir competitividad mundial a base de reducción de salarios e invertir lo mínimo en educación y salud.

Como ciudadanos conscientes y responsables debemos demandar salarios justos y dignos, que puedan garantizar la accesibilidad de la Canasta Básica. ¿Qué hace falta para salir a manifestar a las calles porque aquí la gente no vive sino sobrevive?, ¿por qué no hemos salido de casa para solicitar una política de trabajo y salario para una vida digna? De otra manera, lo que se avecina es una bomba de tiempo; una explosión social ante la monstruosa y brutal desigualdad. Quizá ahí a la vuelta de la esquina está ya el 2016 esperándonos en la Plaza para volver organizados y gritar con belleza rabiosa las injusticias que no toleraremos más.

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