Miércoles 20 DE Junio DE 2018
Opinión

El futuro con optimismo

Comenzamos a avanzar hacia un futuro promisorio.

— MARIO FUENTES DESTARAC
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Muchos se muestran escépticos de cara al futuro de nuestra nación. Incluso, hay quienes creen que los pasos hacia el fortalecimiento institucional que se dieron el año pasado podrían revertirse, que los enemigos de la democracia republicana podrían imponer nuevamente un régimen absolutista, autocrático o totalitario, o que se desatará otro enfrentamiento armado interno.

Claro que hay amenazas, peligros y riesgos que habrá que afrontar, pero creo que, por fin, la sociedad guatemalteca comienza a avanzar hacia un futuro promisorio, de justicia, paz y prosperidad.

 A lo largo de mi vida no he presenciado un momento estelar como el que estamos viviendo hoy. La apertura política de 1965 fue asfixiada por la “Guerra Fría” y desembocó en el retorno de los regímenes militaristas (1970-86), caracterizados por el abuso de poder y la, opresión. Asimismo, la apertura política de 1985 no se orientó hacia la construcción de un Estado de Derecho, sustentado en una administración de justicia pronta, cumplida y eficaz, ni hacia el fortalecimiento del sistema político electoral, sino que se limitó a entronizar regímenes personalistas y clientelares, que degeneraron en una suerte de cleptocracia (dominio de los corruptos).

En mi opinión, la impunidad (ausencia de castigo), la desigualdad ante la ley y la inseguridad jurídica (desprotección o desamparo de las personas, bienes y contratos) son los factores clave de la disfuncionalidad del Estado, de la hegemonía del crimen organizado, de recurrencia de los privilegios lícitos e ilícitos, de la insuficiente inversión productiva, de la falta de oportunidades, así como las causas principales de la pobreza, la exclusión y la marginación.

Confieso que había perdido la esperanza de que pudiera producirse un cambio estructural en nuestro país, que nos liberara del yugo de la inseguridad jurídica, de la maldad, del temor, de la inequidad y de la esclavización política. La misma CICIG se había empantanado. Sin embargo, de la noche a la mañana la denuncia en la prensa independiente comenzó a cuajar y a tener consecuencias, la gente salió a las calles, los “intocables” comenzaron a ser perseguidos por la justicia y la partidocracia politiquera se estremeció hasta sus cimientos. En las elecciones generales, el electorado consciente reaccionó contra los proyectos electoreros clientelares y el mérito comenzó a ser exigido por la autoridad electoral.

Inequívocamente, la ciudadanía ha despertado y está demandando, entre otras cosas, una reforma pertinente del sistema político electoral, la supresión del sistema paralelo de gasto público, la regulación del derecho de antejuicio de los funcionarios, la publicidad de la declaración jurada patrimonial de los servidores públicos, la transparencia, la rendición de cuentas y la optimización de los recursos públicos, la revisión de los pactos colectivos de condiciones de trabajo en el sector público, la reestructuración del sistema de justicia, la institucionalización de la carrera de servidor público, la prohibición del clientelismo y el control del financiamiento político.

Me siento confortado y alentado por esta nueva dinámica política, jurídica e institucional; y, por tanto, inicio este nuevo año con espíritu positivo y lleno de optimismo, así como con ganas de seguir luchando por nuestro país. Manuel Gómez Morín decía: “No olvidemos que nuestro deber es permanente, no lucha de un día, sino brega de eternidad”.