Jueves 17 DE Octubre DE 2019
Opinión

El estadista se degradó

Inusitada carrera en retroceso.

Fecha de publicación: 04-01-16
Por: Édgar Gutiérrez

La manera como el presidente Alejandro Maldonado aprobó los “salarios diferenciados” es truculenta. Primero decidió un ajuste del cuatro por ciento al salario mínimo, tras un nuevo desacuerdo de la Comisión del Salario. Después sacaron de la jugada al Ministro de Trabajo, invitándolo a un viaje ex profeso. Acto seguido, el 30 de diciembre, el gobernante destituyó al encargado del despacho, Marlon García, a fin de que asumiera Rolando Figueroa, quien sin remilgo firmó los acuerdo gubernativos que rompen el piso del salario mínimo constitucional, publicados en el Diario Oficial al día 31, cuando la población se aprestaba a la celebración del Año Nuevo.

La caricatura de Fo en Prensa Libre de ayer es sencillamente genial: en una ventana aparece Maldonado entregando una moneda al escuálido trabajador, representando el aumento del salario mínimo, y en la siguiente el Presidente lanza una moneda al aire que se disputan ansiosamente cuatro trabajadores, es el salario diferenciado. Vale anotar que más del 70 por ciento de empresas encuestadas por el Mintrab incumple el pago del salario mínimo.

Sobre la legalidad del acto ya se había pronunciado adversamente la Corte de Constitucionalidad en septiembre, después de que Otto Pérez estableció en 2014 un salario de Q1,500 en Masagua (Escuintla), Guastatoya y San Agustín Acasaguastlán (El Progreso) y Estanzuela (Zacapa). Llama la atención la insistencia de una parte del sector privado –que en teoría es moderno– de competir a costa de precarizar aún más la mano de obra.

La fórmula de “desarrollo” que una parte del sector privado receta a los gobiernos es una inusitada carrera en retroceso. No es el triunfo de la generación de riqueza que hace progresar a una sociedad con estabilidad y equilibrios. Es la desenfrenada competencia sobre la escasez, la extracción al límite y la miseria, pues el abatimiento de la mano de obra se complementa con la prolongación de los privilegios fiscales y la extenuación de los recursos naturales. Tras ver la reiteración de esa fórmula del desastre, donde como hierba mala crece la pobreza, la enfermedad y la violencia, llego a la conclusión de que el ofensivo concepto “república bananera” no es económico (en nuestro medio hay modernas y pujantes empresas bananeras que dieron el salto exitoso al siglo XXI), es una cultura que arrastramos del siglo XIX y que denodadamente busca anclarnos en aguas podridas.

En las decisiones jurídico-políticas de las últimas dos décadas del magistrado Alejandro Maldonado, por controversiales que fueran, siempre vi una racionalidad de preservación del statu quo, o sea, de la sociedad ultraconservadora. Pero en las decisiones de política económica del breve gobierno de Maldonado, la sociedad entera se suicida, alentando las fuerzas de la anarquía, la violencia más atroz, el hambre y la miseria, mientras el estadista se degrada. Maldonado se inhibió de ejercer un gobierno de transición, en cambio optó por un cierre invernal para un año en el que la sociedad ya había conquistado una nueva primavera.