Viernes 21 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Falaz discurso

Capital, bienestar común y ética: categorías irreconciliables.

— Franco Martínez Mont
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Dados los deleznables resultados de la Encovi 2014 (59.3 por ciento de la población en Guatemala vive en condiciones de pobreza, familias precarizadas con un consumo anual de Q10 mil 218), las diatribas en torno a la competitividad, el crecimiento económico y los negocios ofenden la memoria histórica, el raciocinio ciudadano y la dignidad humana, debido a que los polos de desigualdad socioeconómica y exclusión sociopolítica son producto de un Estado construido/chapuceado por la clase dominante, un “modelo de desarrollo” ad hoc a los intereses de los grupos de capital lícito e ilícito, un ejército diseñado para reprimir, y un sistema político inventado para elitizar el poder y reproducir la dominación (coacción y consenso).

Este discurso neoliberal sobre el progreso –ni siquiera tiene atisbos de desarrollismo pnudiano–, aborrece la historicidad de la formación del Estado, no le apuesta a la modernización del mercado interno, no cree en un Estado Social de Derecho, e incluso no considera como prioridad la política de industrialización capitalista de la economía (agudización de contradicciones de clase), que pasa como mínimo por reformar integralmente la propiedad, uso y tenencia de la tierra (la ruralización trae mayores beneficios a la oligarquía tradicional, aun cuando los costos sociales son altos), la progresividad fiscal y subsidios a sectores vulnerables (campesinado).

La competitividad tiene dos mitos elementales, a saber: a) Estado pequeño, privatizado y no interventor en la economía, cuando en verdad se requiere un Estado fuerte, regulador, eficiente y partícipe de la generación de riqueza (promulgación de la Ley de Regulación del Poder Político del Mercado); y b) Estado servil (aldea global) al comercio internacional. Por el contrario, se demanda un Estado soberano que se articula estratégicamente a bloques, organismos y países para rentabilizar sus bienes y servicios públicos (política exterior con BRICS, Mercosur, CEEA y ASEAN); reconociendo las limitantes ante las fauces del capitalismo global.

A manera de colofón, el falaz discurso sobre la competitividad no puede anclarse a costa de la explotación laboral (salarios mínimos diferenciados y flexibilización), de la ampliación de exenciones fiscales a las telecomunicaciones, energía, banca, agroindustria y transporte, del desmantelamiento del sector público, de la degradación ambiental (extractivismo), del sicariato de la políticas sociales, y en general del incumplimiento de los derechos humanos.

framont@gmail.com

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