Lunes 22 DE Julio DE 2019
Opinión

¿Qué nos deparará el futuro?

Nuestra función como individuos biológicos está a punto de terminar.

Fecha de publicación: 29-12-15
Por: Roberto Blum

Si bien los detalles del futuro nadie puede conocerlos, sí se pueden vislumbrar las probables grandes líneas de los acontecimientos que vendrán. Y es que todos los hechos futuros están causados por hechos que acontecieron antes. En este sentido no hay nada que sea de verdad novedoso. “No hay nada nuevo bajo el Sol” dijo Cohélet hace unos 3 mil años.

Hace unos 3 mil 200 millones de años, aparecieron por primera vez sobre este planeta unas maravillosas moléculas capaces de producir otras moléculas semejantes a sí mismas. Fueron los primeros seres capaces de replicarse. Algunas de ellas, poco a poco, fueron creciendo en número y unas pocas de ellas resultaron más eficientes en sus procesos de replicación y desplazaron a sus menos eficientes congéneres. Así emergió la vida a partir del barro inerte. Desde esa muy lejana época, esas habilísimas moléculas capaces de reproducirse y apropiarse de los recursos materiales y energéticos con creciente eficiencia, fueron desarrollando mecanismos más complejos y mejor adaptados a su medio ambiente. Muy pronto estas exitosas formas replicadoras comenzaron a transformar su medio ambiente. Así estos mecanismos autopoiéticos construyeron a través de los eones, lo que ahora conocemos como la biosfera. Los descendientes de estos humildes replicadores moleculares somos los innumerables seres vivos que habitamos hasta ahora la Madre Tierra.

Hace un millón de años nuestros más antiguos parientes homínidos lograron controlar el fuego e iniciaron lo que llamamos “cultura”. Con ellos emergió un nuevo tipo de replicador no químico, estos replicadores lograron independizarse de su base molecular, por lo que en adelante solo dependerían de la imitación de las conductas de sus productores biológicos. Estos nuevos seres no biológicos, capaces de reproducirse, son los “memes,” término inventado por Richard Dawkins en su libro El gen egoísta de 1976.

Hoy nosotros, los “homo sapiens” hemos desarrollado nuestra “cultura” a tal grado que estamos a unos cuantos años de poder construir nuevas especies de replicadores no biológicos, replicadores mecánicos, que ya fueron concebidos y estudiados por Johan von Neuman, Homer Jacobsen, Freeman Dyson y Eric Drexler entre otros muchos científicos.

Si por otra parte, observamos que estamos avanzando rápidamente en la imitación mecánica de las funciones biológicas que llamamos “inteligencia,” podríamos concluir que muy pronto, en términos evolutivos, emergerán en este planeta replicadores mecánicos que unidos a la inteligencia artificial serán capaces de establecer de manera autónoma sus propósitos y metas así como escoger los medios más adecuados para alcanzar sus propios fines. En ese momento habremos llegado a la “singularidad” que plantea Ray Kurzweil. La vida biológica habrá sido solo un escalón en la evolución de la materia.

Nick Bostrom, filósofo sueco en la universidad de Oxford, se ha dedicado a estudiar los posibles riesgos futuros de la humanidad. Algunos de ellos son riesgos catastróficos y existenciales. Uno de ellos son los replicadores mecánicos inteligentes, robots o nanobots.

En este escenario del desarrollo de nuevos y más eficientes replicadores, primero los biológicos, después los culturales y finalmente los mecanismos artificiales, no sería difícil pensar que nuestra función como individuos biológicos en el gran teatro de la historia está a punto de terminar.