Lunes 24 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Oportunismo político y salarios

El presidente Maldonado debe ser muy cuidadoso al evaluar las recomendaciones de sus asesores.

— Hugo Maul R.
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En la situación actual de Guatemala la fijación del salario mínimo poco tiene que ver con la reducción de la pobreza. Al menos, no en el sentido positivo que muchos adscriben a los aumentos de salarios por decreto. La razón principal de esto es que la inmensa mayoría de guatemaltecos en situación de pobreza no tiene un trabajo formal en donde puedan exigir el pago de dicho mínimo. En virtud que no se pueden abrir nuevos mercados, mejorar precios de venta, crear nuevas empresas, aumentar el nivel de capacitación de los trabajadores o atraer nuevas inversiones por decreto, de manera que al subir el salario mínimo también subiera la demanda por trabajadores, los mecanismos económicos e institucionales que permitan transformar un aumento del salario mínimo en una mejora de los ingresos de la población pobre son muy débiles o inexistentes. Lo que realmente necesitan los millones de guatemaltecos que viven en pobreza son oportunidades de empleo; en ausencia de esto, cualquier aumento del salario mínimo no pasa de ser una promesa inmaterial.

Es importante reconocer que aumentando el salario mínimo antojadizamente solo se logrará, en el mejor de los casos, perpetuar los niveles de pobreza actuales. O bien, en el peor de ellos, aumentar los índices de pobreza en función de quienes pierdan su empleo producto de los despidos que siempre trae consigo este tipo de medidas. En tales circunstancias, lo que mejor podría hacer el presidente de turno es actuar cautelosamente y no querer resolver problemas estructurales de un plumazo. De esa cuenta, el presidente Maldonado debe ser muy cuidadoso al evaluar las recomendaciones de sus asesores al momento de decidir el futuro del salario mínimo para el año 2016. Por más que quieran hacerle creer que puede pasar a la historia como el mayor benefactor de los pobres, debe reconocer que aumentar el salario mínimo de forma antojadiza en nada ayudará a resolver los problemas de pobreza que vive el país.

Para nadie es desconocido que los bajos ingresos laborales de la población en situación de pobreza se deben a la baja productividad de su mano de obra. Es decir, al bajo valor monetario de los bienes y servicios que producen por hora trabajada. Niveles de productividad que se explican en función de los bajos niveles de educación y salud de la fuerza laboral, así como de la pobre calidad e insuficiente cantidad de infraestructura productiva, poca certeza jurídica, falta de acceso a mercados más amplios y sofisticados, bajos niveles de inversión productiva e inadecuados y costosos insumos productivos. Asuntos que nada tienen que ver con la fijación de un salario mínimo. Pretender resolver estos problemas mediante la manipulación política de los salarios sería un indisculpable error. El hecho que, probablemente, desaparezca de la vida política del país una vez entregue el cargo el próximo 14 de enero no lo exime de la responsabilidad de sus actos. Si nada gana en términos políticos manipulando la fijación del mínimo, debería ser prudente y diferenciarse de todos lo oportunistas que han aprovechado tan importante decisión para fines demagógicos.

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