Domingo 18 DE Noviembre DE 2018
Opinión

No es cierto que haya sido general

El problema de las “inexactitudes”,  “sin importancia”, es que hacen dudar de todo el resto.

— Acisclo Valladares Molina
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El Coronel Jacobo Árbenz Guzmán era, en efecto, coronel y no general, como fuera afirmado –erróneamente– por una destacada columnista en elPeriódico con lo cual –este es el peligro de las “inexactitudes” de este tipo– se descalifica el resto de las afirmaciones realizadas puesto que ya no se sabe, entonces, si también son tan inexactas, como aquella.

Jacobo Árbenz, capitán del ejército cuando la Revolución del 20 de Octubre de 1944, tuvo una meteórica escalada dentro de la jerarquía militar y miembro que fue de la Junta Revolucionaria de Gobierno y, posteriormente, ministro de la Defensa Nacional en el gobierno del doctor Juan José Arévalo Bermejo, fue ungido con el grado militar de coronel, para ese entonces, la más alta gradación posible en la carrera militar.

La Revolución del 20 de Octubre de 1944 echó por tierra el generalato, atribuida una buena parte de nuestros males a que hubiera generales, dejando así, el de coronel, como grado máximo, situación que se sostuvo hasta el llamado tercer gobierno de la Revolución cuando el presidente de la República, Julio César Méndez Montenegro, exdecano de la Facultad de Derecho de la Universidad de San Carlos, volvió a hacer generales. (No se hizo generales en los gobiernos de Juan José Arévalo Bermejo, Jacobo Árbenz Guzmán, Carlos Castillo Armas, Luis Arturo González López, Guillermo Flores Avendaño, de Miguel Ydígoras Fuentes (general este último de la época del presidente Jorge Ubico Castañeda) ni de Enrique Peralta Azurdia, jefe de Gobierno militar.

Si se quiso por la columnista ascender a general del Ejército al coronel Jacobo Árbenz Guzmán ¿Por qué no hacerlo a “mariscal”, “generalísimo” o a alguna otra ocurrencia semejante?

¡Ups, fue tan solo un “lapsus”!

Otro gazapo evidente de la extensa columna se encuentra en la calificación que hace de lo ocurrido en la Cumbre de Alaska, trágico incidente que –como el que ocurriera en la ciudad de Londonderry, Irlanda del Norte, pasaje histórico casi idéntico– estuvo desprovisto de premeditación alguna, siendo inadecuado tipificar como asesinatos o como ejecuciones extrajudiciales los homicidios que se dieron.

En Londonderry, controlada como estaba la situación policialmente –con sus bemoles– como lo estaba también policialmente en la Cumbre de Alaska, incursionaron militares en los hechos y –faltos de la experiencia policial– dispararon en contra de los manifestantes.

Las tragedias de la Cumbre de Alaska y de Londonderry, tuvieron exactamente la misma causa, la intromisión del Ejército en asuntos policiales, siendo como lo es muy distinta la formación del militar que la formación del policía.

 Si a la destacada columnista le interesa profundizar en nuestra historia y se interesa por la figura del “general” Árbenz, le recomiendo que profundice sobre la masacre de Patzicía –lamentable baldón para la Junta Revolucionaria de Gobierno dentro de aquellos 147 días de gloria de la Revolución de Octubre, así como en la reforma agraria arbencista– limitada la entrega de la tierra en arrendamiento al campesino –clientelar maniobra para mantenerlo siempre fiel y sojuzgado.

¡Sabia es la sentencia popular que dice que no todo lo que relumbra es oro!

Ni están todos los que son ni son todos los que están, dice la otra.

No está demás reiterar mi refutación a otros “lapsus” y “gazapos” de otros columnistas y escritora y, así, que no es cierto que en el Memorial de los 311 se haya pedido la renuncia del presidente Jorge Ubico Castañeda, siendo lo cierto que lo que se pedía era el restablecimiento de las garantías constitucionales, así como, tampoco, que el 20 de octubre de 1944 el general Miguel Ydígoras Fuentes haya sido “Embajador de Guatemala en Inglaterra” siendo lo cierto que su nombramiento –no de Embajador sino de Ministro, por cierto, fue hecho, posteriormente, por el Gobierno de la Revolución y– finalmente– curiosamente “lapsus” o “gazapo” en el que incurren todos los citados – no es cierto – es mentira – que el 18 de julio de 1949 se haya dado alguna orden de captura en contra de Francisco Javier Arana como mentira, también, que se le haya destituido del cargo de Jefe de las Fuerzas Armadas, siendo lo único cierto que, sus asesinos –con tales mentiras– quisieron “justificar” el crimen perpetrado.

Cuidado, pues, con las inexactitudes, los lapsus y los gazapos, puesto que desvirtúan la posible veracidad del resto, y más cuidado aún, con persistir en ellos y en no reconocerlos, que pueden caer, entonces –si antes no lo estaban– en la intencionalidad de la mentira.

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