Sábado 22 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Reflexiones de Nochebuena

Hoy es Nochebuena, un excelente momento para reflexionar.

— Salvador Paiz
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Independientemente de la religión que practiquemos, esta época, además de ser un tiempo de celebración, es un momento para adoptar algunos de los mensajes de sacrificio, amor y entrega desinteresada, todo por el bien de la humanidad.

En ese sentido, me parece adecuado dedicar esta columna a los resultados de la Encuesta sobre Condiciones de Vida (Encovi) 2014, presentada hace algunas semanas. Los guatemaltecos no podemos estar orgullosos de que la Encovi reveló un incremento de la pobreza en nuestro país. Según cálculos del INE, en 2014 el 60 por ciento de la población se encontraba en pobreza, mientras que en el año 2005 era el 51 por ciento. Esto quiere decir que son aproximadamente 9.6 millones de guatemaltecos que viven en condiciones precarias. Pero el panorama se torna más sombrío. Según esta encuesta, la pobreza extrema nacional también incrementó de 2000 al 2014, pasando de 15.7 por ciento a 23.4 por ciento, dato que implica que son 3.7 millones de guatemaltecos los que viven en extrema pobreza.

Estos datos nos llaman a que actuemos con sentido de urgencia. Debemos reconocer que hay un alto número de connacionales viviendo en una situación lamentable, aunque podamos o no estar de acuerdo con la metodología o el número preciso. No nos podemos hacer de oídos sordos y ojos ciegos ante esta calamidad. El hecho es que cada vez son más jóvenes que buscan entrar a la fuerza laboral en el país y fallan en el intento, debido a que no encuentran un empleo digno. Si realmente queremos reducir la pobreza, debemos cuestionarnos –a consciencia– ¿qué es lo que podemos hacer los ciudadanos para cambiar esta realidad? ¿Cómo le podemos dar a muchos guatemaltecos la oportunidad de salir adelante? ¿Cómo terminamos con el ciclo vicioso de la pobreza que vivimos en nuestro país?

Someto a su consideración un posible camino, basado en tres elementos, para salir de este profundo hoyo. En primer lugar, la generación de empleo digno y productivo, que no solo genera ingresos para esas familias sino que además alimenta recursos al erario público. La generación de empleo formal supone mejorar la competitividad y el clima de negocios de Guatemala. Esto pasa por la creación de polos de atracción de inversión y la generación de condiciones de vida dignas, para así incentivar una migración interna en el país hacia esos polos. De esta manera podríamos cambiar radicalmente la tasa de generación de empleos formales. Es importante que reconozcamos que este cambio ya se está empezando a dar en nuestro país. La Encuesta Nacional de Empleo e Ingresos de 2014 muestra una caída de la tasa de informalidad de 75 por ciento a 65.8 por ciento en tan solo dos años. No obstante, nuestro país necesita acelerar el ritmo al cual se formaliza el empleo. Así, toda la población podrá tener prestaciones, plan de retiro, mayor acceso a los sistemas de salud pública, etcétera. Hoy es una minoría la que tiene esas necesidades básicas satisfechas.

En segundo lugar, fortalecer el erario público y la efectividad con que se invierte, es decir, ampliar la base de contribuyentes formales que aportan para que las contribuciones no dependen de tan pocos guatemaltecos. Ello para que existan recursos que puedan ser invertidos en atender necesidades básicas insatisfechas. Parte inexorable de este proceso es invertir en aquellas iniciativas estratégicas de impacto comprobado para romper el ciclo vicioso de la pobreza. Los programas clientelares han demostrado que son propensos a la corrupción y han fracasado rotundamente, por lo que debemos buscar otros esquemas.

Pero, lo más importante, es el tercer elemento: que los guatemaltecos sigamos teniendo una ciudadanía activa que fiscalice. Velemos porque nuestros recursos sean invertidos en una forma que permita auditoría efectiva. Velemos porque se pongan en práctica propuestas técnicas que demuestren tener un impacto positivo y tangible, y velemos porque nuestros organismos gubernamentales lleven a cabo una gestión de calidad. Es muy lamentable que, a pesar de los esfuerzos, la Encovi revele que estamos retrocediendo como nación. Eso es, a todas luces, inaceptable y exige que redoblemos nuestros esfuerzos de activación ciudadana.

Debemos visualizar ese país distinto hoy. No podemos seguir condenando el futuro de tantos guatemaltecos. Nuestro país tiene un enorme potencial, hagámoslo brillar. Este día es un excelente momento para que reflexionemos sobre las cosas que podemos cambiar para que Guatemala sea la nación que soñamos. Día a día podemos realizar pequeñas acciones para mejorar la situación de nuestro país. Si queremos que Guatemala se transforme para bien, decidamos ser parte activa y propositiva de ese proceso de transformación. No me queda más que desearles a todos felices fiestas y pedirles que, si creen en estos conceptos, me ayuden a compartirlos. Esta Navidad quiero que todos formemos parte de esta propuesta de cambio. Únicamente si nos unimos y trabajamos en equipo, le podremos dar a nuestra patria el valioso regalo de la prosperidad. ¡Juntos podemos más!

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