Martes 13 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Lázaro García García

Un socialcristiano de tiempo entero.

— Helmer Velásquez
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Eran tiempos de guerra y esperanza para la Guatemala profunda, aquella que magullada por la represión militar y avatares del conflicto armado interno, soñaba libertad. Año de 1987. Instituto para el Desarrollo Económico y Social de América Central –IDESAC–. La tarea: relanzar una estrategia de formación de cuadros campesinos, en el medio de condiciones oprobiosas determinadas por las fuerzas militares. Esto, aún y cuando, la democracia formal estaba instaurada. Militares y Patrullas de Autodefensa Civil ejercían un control férreo sobre la población del campo, particularmente: de sus núcleos organizados, justamente, con quienes los responsables de IDESAC ejercían interlocución permanente.

Y no es que IDESAC inauguraba su expresión campesina, no, se trataba de elevarle “volumen” a una labor que se mantenía de bajo perfil dadas las condiciones político-militares del país. Buena parte de los cuadros dirigentes del Instituto, estaban en el exilio, estos –los exiliados– mantenían un alto nivel de desconfianza en el régimen, que administrado por la Democracia Cristiana –a la cual algunos de ellos habían pertenecido en sus orígenes– era obvio que la milicia mantenía control del aparato de Seguridad del Estado.

Acá en Guatemala, el Consejo Directivo del IDESAC hacía sus mejores esfuerzos por cumplir los cometidos institucionales, muchos de los cuales no serían del agrado de la milicia dominante. Entre los miembros de aquel Consejo, destacaba Lázaro García García, hombre serio y dedicado a la formación de organizaciones sociales en el campo. Paciente y analítico. Lázaro era una de las voces escuchadas sobre cada uno de los pasos que la institución debiese dar en aquel mar agitado; muchos buscaban acelerar decisiones y, sin embargo, siempre surgía el análisis mesurado de Lázaro, a quien los acontecimientos terminaron por darle la razón.

Era la fuerza emanada de su experiencia. De quien vive de cerca la tragedia del pueblo y se compromete con hacer realidad su esperanza. Lo “importante es que no se cierren los espacios de contacto con la comunidad y sus organizaciones; no hay que olvidar que los chafas son cerrados e intolerantes y quien paga es la gente sencilla”. Así, apegado desde su ideología, a las encíclicas papales, vivía y sufría lo atroz de la vida campesina. Rechazaba absolutamente represión, masacres y agresiones criminales. Estaba por entero en apoyo a la formación de cuadros populares, es una ruta correcta en la cual la Iglesia está comprometida, afirmaba. Hombre diestro en transitar los oscuros laberintos diseñados para bloquear la organización social. Nuestro reconocimiento a su vida, dedicación y aporte a la organización social.

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