Viernes 18 DE Octubre DE 2019
Opinión

El Big Bang y la Navidad

Una meditación navideña para cristianos.

Fecha de publicación: 23-12-15
Por: Gonzalo Asturias Montenegro

George Lemaitre, sacerdote jesuita que fue un formidable físico y matemático, sostuvo en 1927 que el universo estaba en expansión, contradiciendo así a la comunidad científica de la época que creía en un universo estático y eterno. Lemaitre afirmó que si el universo se expandía, debería de partir de un punto de energía o huevo cósmico, que en un momento se expandió hasta formar galaxias, estrellas y planetas. Einstein rechazó la teoría de Lemaitre; y, para ridiculizar al jesuita, Fred Hoyle le puso a la hipótesis el nombre de Big Bang, sin imaginar que el término burlón terminaría por expresar una teoría que ahora la comunidad científica considera como la más probable explicación del origen del universo. Con la expansión inicial de aquel punto de alta densidad de energía se creó la materia, el espacio y el tiempo, y al enfriarse surgió la luz. ¡Increíble!

Pero de este increíble Big Bang voy a otro aún mayor como es la explosión de amor de Dios que nos dio a su Hijo: “Dios mandó al ángel Gabriel a un pueblo en Galilea llamado Nazaret, donde vivía una Virgen llamada María… –¡Salve, llena de gracia! El Señor está contigo… María, no tengas miedo, pues tú gozas del favor de Dios… Tendrás un hijo y le pondrás por nombre Jesús. Será un gran hombre, al que llamarán Hijo del Dios altísimo, y Dios el Señor lo hará Rey… Su reino no tendrá fin”. (Lucas, 1, 26-34). Y simbólicamente, no se podría también aplicar a María la visión que Juan nos relata en la Biblia, según la cual hubo un gran prodigio en el cielo, en donde apareció una mujer vestida de sol con la luna a sus pies y con una corona de doce estrellas, que estaba encinta perseguida por el dragón (el diablo que se oponía a la Redención del género humano), queriendo acabar con ella y devorar al hijo varón que estaba por nacer, el cual habría de regir con cetro de hierro a todas las naciones; pero ambos (la Mujer y el Hijo) fueron protegidos por Dios. (Cfr. Apocalipsis, 12, 1-7)

Imaginemos la felicidad de María cuando empezó a sentir a su hijo moverse en el vientre. Y luego, ya nacido, qué lazos sicológicos no surgieron entre ellos por la lactancia materna, porque Jesús fue semejante a nosotros en todo menos en el pecado. Jesús se debió parecer mucho a su mamá (el que más entre todos los mortales) porque todo el material genético fue materno. ¡Qué conversaciones pudo haber en la alegre familia de Nazaret, que debieron ser igual terrenas que espirituales, incluyendo la misión mesiánica de Jesús! No ha habido ser humano que tuviera tanta cercanía con Jesús como la tuvieron María y José, que pudieron ver, oír, abrazar y besar físicamente al propio Jesucristo. Y Jesús ¿acaso no le daría a su madre muchos besos diciéndole: –mami, te quiero?, como lo hacen todos los niños, porque Jesús no fue un robot sin sentimientos, sino un ser que sufrió, lloró, tuvo compasión, amó, y que se llenó de ira ante los mercaderes del templo… ¿Por qué muchos predicadores hablan de David o Moisés y no dicen nada de este universo del amor de Jesús por su Madre, y de ella (la llena de gracia) por su Hijo. ¡Qué mezquindad para con Cristo!

Luego, Jesús y María estarán en una boda en Caná en la que se acaba el vino. María se lo advierte a su hijo. Pero Jesús, le replica que no ha llegado su hora, es decir el tiempo preciso fijado por el Altísimo para que empiece a realizar sus milagros. Pero, la madre no le insiste a su hijo (estaba claro que no había llegado su hora) sino que lo compromete, en un camino que solo una madre puede intuir. Y María les dice a los sirvientes que hagan lo que Jesús les indique. ¡Y se hace el milagro de la transformación del agua en vino que todos conocemos! La intercesión de María para que Jesús actuara fue poderosa (¡hasta adelantó el día y la hora fijados desde la eternidad para el inicio de los milagros de Jesús!). María no hace milagros, pero puede interceder ante Jesús por ellos; como nosotros también podemos interceder ante Dios los unos por los otros, según la enseñanza de Pablo. ¡Muchas lecciones para meditar en esta Navidad, que debería ser más espiritual que de shopping! gasturiasm@gmail.com