Sábado 16 DE Febrero DE 2019
Opinión

¿Cómo evitar una posible “enfermedad holandesa”?

Consiste en el crecimiento desproporcionado de un sector a costa de los demás.

— Edgar Balsells
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Dicen los técnicos que nuestro crecimiento es empujado por transferencias de dinero del exterior, el consumo de los hogares, la baja de los precios internacionales, principalmente la gasolina y el diésel, y la estabilidad del tipo de cambio, que empuja de buena manera las importaciones.

Es así como, en referencia a las recientes estadísticas sobre el cierre de la actividad económica, el ritmo de crecimiento de los bancos llama la atención, pues es superior en más de tres veces al de la industria y la agricultura, y en cuatro veces a la construcción. El llamado “PIB de la intermediación financiera”, comprende principalmente lo que va de forma directa a los bolsillos de los grandes accionistas bancarios, y los sueldos pagados a los trabajadores del sector.

Entonces, nuestra economía es sostenida por transferencias del exterior, que alimentan el consumo nacional y, entre otros sectores, por la pujanza sobredimensionada de la actividad financiera, llamando la atención que dicha pujanza se produzca cuando las tasas de interés afuera están en sus punto más bajo. ¿Cómo es posible que ello suceda?

Hace ya varias décadas se acuñó el término de enfermedad holandesa que consiste en el crecimiento desproporcionado de un sector a costa de los demás, debiéndose observar todas las medidas correctivas para vigorizar el sistema en su conjunto, especialmente la industria y la agricultura, porque dicha enfermedad puede provocar que perdamos el ritmo de la innovación y el desarrollo y nos acomodemos a una situación que es temporal.

Seguramente esa dinámica viene también, por ejemplo, de importantes comisiones que cobran los bancos a nuestros migrantes cuando hacen transferencias a sus parientes cercanos desde Los Ángeles o Georgia, hacia Almolonga o Tiquisate. A juzgar por los altos márgenes entre compra y venta de dólares, las comisiones de todo tipo que se cobran en la intermediación financiera engordan el PIB de ese sector, a costa de otros. Y cuando se trata de cambiar Euros a Quetzales, nos hacen forzoso primero el cambio por dólares, provocando pérdidas inmensas al consumidor.

¿Cómo compensar este sobredimensionamiento?, pues hay muchas opciones, la tributaria y gravar dividendos podría ser una de ellas, pero no quiero referirme a la misma para no ser una golondrina creyendo hacer verano, siendo importante esperar a esa discusión ineluctable.

Ahora bien, lo que sí resulta vital es hacer todos los esfuerzos para que todos aquellos bultos de dinero que recibe la banca guatemalteca se transformen en un apoyo real y decidido a la actividad productiva, y principalmente al fortalecimiento de la inversión privada a largo plazo. Y el primer paso es desincentivar que esos dineros vuelvan a las bóvedas del banco central y se esterilicen, provocando las cuantiosas pérdidas operativas de ese dilecto banco conductor de la economía.

Léase entonces que resulta vital transportarse por la avenida de la inversión antes que en el callejón sin salida del crédito al consumo en abundancia y al crédito para consumo suntuario. El de tipo hipotecario, por ejemplo, resulta ser vital para impulsar la construcción, que tiene aún una participación muy baja dentro de su contribución al Producto Interno guatemalteco, siendo que la prensa menciona que han sido los famosos Malls comerciales los que han repuntado.

El apoyo al financiamiento municipal y del desarrollo local, así como de la actividad de las microfinanzas podrían ser opciones interesantes: de lo que se trata es que las finanzas en general apoyen a la producción y se impida el cobro de comisiones exorbitantes y otras patologías que devienen del exceso de dinero y de la avaricia y la especulación financiera.

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