Jueves 17 DE Octubre DE 2019
Opinión

El Presidente “anticomunista”

Hubiéramos querido que hiciera mucho más, pero –honrado, como ha sido, buen ejemplo– saldrá sin mancha –suficiente– y con la inmensa satisfacción del deber cumplido.

Fecha de publicación: 22-12-15
Por: Acisclo Valladares Molina

Cometa opaco, sin duda, para quienes no quieran ver la luz, Alejandro Maldonado Aguirre dejará la Presidencia de la República y, al hacerlo, dejará el mejor de los ejemplos, el del honorable –honrado– ejercicio del poder: cometa, sin lugar a dudas, pero luminoso y señero, inusual en nuestra historia.

Hubo grupúsculos que quisieron que se formara un gobierno inconstitucional transitorio y que Alejandro Maldonado Aguirre, llegado constitucionalmente al ejercicio del poder, se prolongara –inconstitucionalmente– en ese ejercicio al menos por dos años –“para refundar el Estado”–. ¿Qué refundación podía ser aquella, haciendo exactamente lo de siempre, el atropello del orden constitucional y de las leyes?

Tal y como –en su momento– me permití compartirlo con ustedes tuve la certeza de que este no sucumbiría a los cantos de sirena –tentadora la oferta para aquel que quiso gobernar y hacer profundos cambios– ¡la oportunidad de hacerlo! , pero sabía que habría de pesar más en él el jurista y el demócrata, el ciudadano que bien sabe que no se combate el delito, con delitos, ni se realiza el Derecho, con el atropello a las leyes.

El 14 de enero hará entrega de su cargo Alejandro Madonado Aguirre, tal y como le corresponde hacerlo, ni un día antes, ni uno después, logro que para su breve y peculiar mandato parecería suficiente: finalizar el período constitucional puesto en sus manos, ni un día antes, ni uno después –y sin llevarse– caso que resulta casi solitario en nuestra historia –ni un solo centavo mal habido– “un paupérrimo legado” –valga la ironía– para un Presidente.

Se celebraron, bajo su presidencia, elecciones libres, sin mancha alguna, tanto en la primera como en la segunda vuelta electorales –ajeno el Estado a todo sesgo partidista– y sin que haya existido ninguna injerencia del Ejecutivo en pro o en contra de candidato alguno (y sigue la ironía: “paupérrimo legado”).

Los tribunales de justicia han podido desenvolverse, durante su mandato, sin presiones de ningún tipo y otro tanto las instituciones de control del ejercicio del poder, la Contraloría General de Cuentas, el Ministerio Público, la Procuraduría General de la Nación y el Procurador de los Derechos Humanos. (¿Será este, también, otro paupérrimo legado?)

Tampoco metió sus manos en el Instituto Guatemalteco de Seguridad Social, la Superintendencia de Administración Tributaria, el Banco de Guatemala o cualquier otra de las otras entidades autónomas que integran el Estado. (Respetar su independencia… ¡Qué paupérrimo legado!).

Muchísimo más hubiera querido yo que hubiera hecho –¡es tanto lo que debe hacerse en Guatemala!– tal y como lo hubieran querido muchísimos otros guatemaltecos, pero esa no es razón para que le neguemos los méritos citados que me he permitido señalar, y máxime si comprendemos que dadas las circunstancias de su acceso al poder y de lo corto del mandato optó por ser más, al menos en mayor medida, Jefe de Estado, representante de la unidad nacional que Jefe de Gobierno.

Y cierro: no se cebó el Presidente anticomunista en el Presidente encarcelado –fácil forma de hacerse popular– sino que, tal y como debía, dejó su suerte en los tribunales de justicia, sabedor, además, que la prisión preventiva no es ni debe convertirse en un castigo, respetada –como debe respetarse– la presuncion constitucional de inocencia…

Claro que duele a aquellos que no logran superar sus sueños de opio –¡qué trágica utopía!–que el Presidente anticomunista –así etiquetado– responda a este retrato.

Ojalá que tengamos al frente del Estado –y para bien de todos– muchos otros cometas como este o, mejor aún, alguien que teniendo el tiempo suficiente y no el precario que se tuvo, pueda ejercer, a plenitud, las jefaturas de Estado y de Gobierno –ambas empeñadas, al unísono– en romper el círculo vicioso de la ignorancia, la enfermedad y la miseria.

Su estafeta de probidad: ¡La mejor estafeta!