Jueves 18 DE Abril DE 2019
Opinión

Camino a la pobreza

Los elevados costos de transporte debidos a la mala calidad de la infraestructura vial son una pérdida para todos.

— Hugo Maul R.

El deterioro de la red vial del país alcanza niveles alarmantes. No hace falta ser un experto en mantenimiento de carreteras para atestiguar por experiencia propia el estado de las principales vías de comunicación del país, así como tampoco hace falta consultar la información presupuestaria respectiva o cualquier otra estadísticas oficial. Basta con tomar cualquier tipo de vehículo y transitar sobre cualquiera de las principales rutas terrestres para constatar el mal estado de las mismas.Más allá de los eternos problemas presupuestarios y de corrupción en la ejecución de este tipo de obra pública, y de otros inconvenientes coyunturales, el verdadero problema que subyace detrás del calamitoso estado de la red vial es una profunda falta de comprensión de la importancia de la infraestructura de transporte para el desarrollo del país.

Un estudio del Banco Mundial sobre logística en Centro América estimó que hasta un 30 por ciento del precio final de un tomate exportado puede originarse en los altos costos de transporte dentro del país, valor que puede llegar al 50 por ciento en el caso de pequeños productores. De esa cuenta, mientras más se deteriora la red vial y menos mantenimiento se le da a la misma, menos tomates podrán comer los guatemaltecos debido al incremento en sus precios por el aumento en los costos de transporte; menos tomates venderán los productores y menores precios recibirán por sus productos, y; menos viajes, más costos, mayores tiempos de traslado afrontaran los transportistas. Situación que se agrava si, además de transitar en malas carreteras, los productos deben pasar por las aduanas del país y afrontar todos los costos y pérdidas de tiempo que esto representa. Al final de cuentas, nadie gana con este estado de cosas.

Aunque en un sentido literal “las carreteras no se comen”, como acostumbraba decir Alfonso Portillo cuando criticaba la prioridad que la administración Arzú dio al tema, en un sentido económico, “lo que no se ahorra por no construir carreteras tampoco se come”. El pretendido “ahorro” de recursos públicos derivado de no dar adecuado mantenimiento a las carreteras y no invertir en nueva infraestructura es una pérdida para consumidores, productores y transportistas. Los elevados costos de transporte debidos a la mala calidad de la infraestructura vial son una pérdida para todos, sobre todo, para los productores más aislados de los centros de consumo. Si las carreteras estuvieran en óptimas condiciones, el tamal de Nochebuena que se come un trabajador sería un diez o 20 por ciento más grande o más barato; los ingresos de quienes produjeron los ingredientes para ese tamal serían un diez por ciento o 20 por ciento mayores, y; los ingresos de quienes transportan estas mercancías serían diez por ciento o 20 por ciento más grandes. Si cualquiera de ellos que se queda con hambre esta Nochebuena, incluso después de haberse comido el tamal, debe tener claro que una de las causas principales de su hambre es la inadecuada y mala situación de la infraestructura vial del país.

Etiquetas: