Jueves 20 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Sobreviviendo el primer canto

La asnada es muy consecuente en todos lados.

— Luis Fernando Cáceres
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La semana pasada tuve que tomar, por trabajo, un cortísimo viaje de dos días. Como todo diciembre de todos los años, la cantidad de personas usando el aeropuerto La Aurora ha aumentado significativamente. Y, como todo diciembre de todos los años, las personas encargadas de operar el aeropuerto muestran con gran claridad su incapacidad para dedicar dos neuronas de sus aburridas cabezas, a proveer un servicio que por lo menos raye en digno, no digamos ya bueno, cosa que ha de ser imposible para estos importunados soñolientos.

Consecuente con las mejores formas de desencantar, el desastre creado por las autoridades encargadas, inicia desde el principio. El aeropuerto cuenta con dos puntos de chequeo antes de que el viajero sea permitido en la planta baja, donde se encuentran las puertas de abordaje. Y, por lo tanto, una persona que vuela usando el aeropuerto confronta de entrada dos colas. Estos dos puntos de chequeo son casi redundantes: en el primero crean colas para asegurar que solo personas portando pasaporte puedan entrar y, en el segundo, revisan que la persona además cuente con ticket de abordar. El primer puesto de chequeo es risible, no entiendo para que decidieron crear acá un embudo. Cualquier persona portando pasaporte puede entrar, cosa que no implica que no pase una persona que no volará. Estos dos puntos de chequeo bien pueden volverse uno. Solo personas con ticket de abordar y pasaporte pueden acceder a las puertas de abordaje, cosa que revisan en el segundo punto de revisión. Y, si en todo caso insisten en tener ambos, la cantidad de personas encargadas de revisar debieran ser dispuestas acorde a la necesidad estacional y no mantener una cantidad fija como hacen estos iluminados expertos.

Más adelante, el viajero debe de volver a hacer otra cola insufrible para que, por tercera vez, chequen su pasaporte (los dos primeros puestos de registro no son de confiar, aparentemente). En este lugar es donde ocurre la peor de las colas de salida porque acá, efectivamente, queda registrada la salida y por lo tanto hay actividades involucradas. Como la cola serpentea en dos sentidos, el final de la fila se mezcla con la cola del punto de la otra ala (existen dos alas de ingreso) y toda la cosa se vuelve un esmerado caos. La perspectiva de estos entendidos especialistas en manejo de colas queda perfectamente expresada por las palabras frecuentes de un changuito en saco y corbata, que cada cinco minutos sale con aires de atribución gritando “tres horas, con tres horas de anticipación se les pide que lleguen…” como diciendo “acá habrá cola, lo que corresponde es tener suficiente tiempo para lograr hacer la cola”. ¡Ah la inspiración! Por supuesto, más gente debe, necesariamente, implicar más cola. Además, quisiera saber, cómo es que tienen una plaza que lo único que hace es gritar esas majaderías. Deberían usar ese puesto de trabajo para generar valor cosa que, claramente, nunca se les ha ocurrido. ¿Generar valor? Ya saben quizá reduciendo el tiempo muerto de todas estas personas haciendo cola, que dejan de hacer otras cosas por culpa de sus malos procesos.

La última de las cuatro maldecidas colas se forma en el punto de chequeo de seguridad. Todos estos cuatro puntos podrían usarse como laboratorios de estudio en cualquiera de las facultades de Ingeniería del país. En la carrera de Ingeniería Industrial, al tomar Métodos y Movimientos 1, todos los jovencitos recién ingresados debieran tomar un viaje de campo a La Aurora para admirar lo que un cúmulo de ignorantes, al dejarlos sueltos, son capaces de hacer.

La asnada es muy consecuente en todos lados. Digo, porque al regreso todo es exactamente igual: actividades redundantes, procesos mal definidos, capacidad instalada mal calculada, líneas desbalanceadas, todo un espectáculo en oscurantismo, pues.

Ignoro como estas personas se ven al espejo –o ha de ser que no lo hacen– sabiendo que ejecutan un trabajo tan pobre. ¿Cómo viven sabiendo que dedican su vida a ser terribles profesionales?

En fin, si usted acudirá este fin de año a experimentar la Divina Comedia y se adentrará en el primer canto, en el infierno de La Aurora, ármese de tiempo y de paciencia. Llegue tranquilo y no deje que las carencias intelectuales de estos ignorantes le roben la belleza que presupone trabajar o vacacionar abriéndose al mundo.

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