Viernes 21 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Responsabilidad de las elites

Seguir acumulando riquezas con base en la destrucción del entorno social y natural es tejer la soga con la cual ahorcarse.

— Anamaría Cofiño K.
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Gozar de innumerables privilegios materiales y simbólicos, pertenecer a las familias tradicionales de pasado colonial, ser parte del grupo que tiene poder para decidir sobre el resto de la población, tiene un costo alto. Implica una responsabilidad histórica que no se puede eludir sin consecuencias.

Hay gente que cree que “nació en cuna de oro” porque así le correspondía o por simple suerte, y que esa especie de bendición es gratuita, que se puede pertenecer a la elite sin que eso conlleve sus respectivas obligaciones. Pero vivir en la cúspide de la sociedad disfrutando de esa singular posición, sin siquiera reflexionar acerca de ello es falta de criterio y hasta de previsión. No se puede ocupar un espacio de poder sin asumir que eso significa ser parte de un nudo intrincado de relaciones y dependencias donde las demás personas quedan sujetas a condiciones mucho menos favorables.

Ya Marta Casaús explicó e ilustró en su libro sobre el racismo en Guatemala cómo se fue conformando esa ideología hegemónica que se sustenta en la creencia de la superioridad de la blanquitud. Vemos cotidianamente cómo esta sociedad convive confrontada por la discriminación más cerril y absurda, generadora de un sistema de servidumbre y sometimiento que se traduce no solo en las más grandes desigualdades económicas, sino en sentimientos de menosprecio, desconfianza, odio y por consiguiente, violencia.

La elite empresarial es un núcleo patriarcal que encarna y reproduce el machismo como forma de ser y estar en el mundo. Son hombres casi exclusivamente quienes se erigen en dirigentes de millones de gente a la cual ignoran y muchas veces desprecian. Su sentido es mantener el orden que les proporciona identidad y sustento para dominar personas y bienes. Cuestionar o intentar modificar ese régimen no está en sus agendas. Es más fácil y cómodo asumir que es así porque dios lo manda.

La burguesía criolla guatemalteca se caracteriza por su cerrazón, no solo social sino mental. Hay un rechazo absoluto a la autocrítica como práctica para la superación de los errores y las faltas; se vive de espaldas a la realidad, escudándose en la negación de lo que es evidente. Sus explicaciones sobre los problemas sociales se fundamentan en una naturalización que no logra ocultar las injusticias, y los planteamientos que cuestionan el orden imperante así como las propuestas de cambiarlo son considerados ataques o simplemente se descalifican como falsedades.

Los tiempos que corren están abriendo grietas en ese sistema, por allí se están filtrando posibilidades de transformación colectiva. Si como clase se rehúyen las responsabilidades, si no se contribuye sustancialmente a que las mayorías gocen de bienestar, y al contrario, se estrecha el círculo de poder, se pierde la oportunidad de recuperar la dignidad perdida por la codicia. Así se cava la propia tumba.

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