Lunes 19 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Pobreza: Un fracaso colectivo

— EDITORIAL
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Resulta poco productivo concentrarse en una discusión estéril sobre aspectos metodológicos de la medición de la pobreza cuando, independientemente de su nivel, nadie pone en duda que la gravedad del problema y la inefectividad de los enfoques hasta ahora utilizados para reducirla. A pesar de haber gastado multimillonarias sumas de impuestos en programas sociales; transferencias monetarias condicionadas; aumento de los salarios de maestros y salubristas; programas de fertilizantes y subsidios a la energía eléctrica; aumentos constantes a los salarios mínimos, y; haber descentralizado la mayor parte el gasto público hacia las municipalidades y comunidades, la pobreza sigue aquí. Tampoco parecen ayudar mayor cosa los miles de millones de quetzales que recibimos en concepto de remesas; la estabilidad macroeconómica; el crecimiento de las exportaciones primarias, y; la expansión del consumo. Lo mismo puede decirse de los efectos de la cooperación internacional y su constante injerencia en el diseño de la política pública. En el caso de las políticas sociales, queda claro que se necesita mucho más que un buen corazón, una billetera grande y una constante actitud de denuncia para reducir la pobreza; en el caso de las políticas económicas, queda claro que se necesita mucho más que libre mercado, competitividad e ingeniosos discursos, y; en el caso de la cooperación internacional, queda claro que se necesita más que discursos moralizantes, injerencia en la política pública y recursos financieros.

Queda claro que todos los interesados en esta lucha no hemos encarado el problema con la seriedad y rigurosidad metodológica que el mismo merece; siempre buscamos salidas fáciles, atajos dudosos y simplistas justificaciones ideológicas para justificar nuestras posturas, en lugar de realizar diagnósticos rigurosos, evaluar propuestas alternas de solución, fortalecer las capacidades de planificación y de ejecución de las entidades responsables del problema y evaluar el impacto de las medidas. En lugar de buscar culpables y acusar a los adversarios ideológicos, es momento de reconocer que la pobreza es una consecuencia de nuestro fracaso colectivo; es momento de reconocer que se necesitan de políticas sociales efectivas, de alineación y sostenibilidad de la cooperación internacional y de mayores capacidades productivas y de empleo para los guatemaltecos que viven en pobreza.

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