Viernes 21 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Guatemala: el último retrato hablado

— José Rubén Zamora
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En Guatemala la economía no alcanza para todos. Con humor negro y cinismo, es posible asegurar que hay mucha gente que sobra, que no tiene cabida, que no encuentra respuestas a sus necesidades más sentidas, a sus exigencias y frustraciones. Menos aún, a sus más legítimos sueños. Las grandes mayorías viven en la marginación y la miseria.

Basta observar datos objetivos: seis de cada diez guatemaltecos son pobres. Casi tres de cada diez viven en la miseria. Siete de cada diez niños son pobres. Ocho de cada diez indígenas son pobres. Cuatro de cada diez indígenas están hundidos en la miseria. En términos absolutos, 9 millones de guatemaltecos padecen pobreza y extrema pobreza.

Mientras tanto, los altos funcionarios, incluso alcaldes de pequeños municipios, para sentirse parte de las elites y desarrollar identidad y sentido de pertenencia con la argolla de la cleptocracia, compran yate, jet, helicóptero, mansiones residenciales en la capital y en los mejores lugares de descanso, fincas e inversiones inmobiliarias en Belice, Roatán, Miami, Nueva York y Panamá, aunque sea a costa de “bolsas solidarias”, o de “mi bolsa segura”, es decir, de escamotear con voracidad los programas sociales; de las jugosas comisiones provenientes de los grandes contratistas y proveedores del Estado; de empresarios que compran privilegios; de la defraudación aduanera –Q12 millardos– y del pago del crimen organizado, sobre todo, el proveniente de los carteles de las drogas para operar con información, protección, seguridad, inteligencia y asesoría estratégica de las instituciones clave del Estado.

La riqueza está en pocas manos y la brecha entre ricos y pobres es creciente. La inmovilidad social es casi la regla. Esta situación es insostenible y pone en grave riesgo la viabilidad del país. La persistencia de este escenario solo puede traducirse en conflictividad social que aumentará demencialmente. No solo se deben desarrollar políticas públicas serias para mitigar y reducir la pobreza, y erradicar de tajo la corrupción, sino que apoyar las inversiones privadas a gran escala, la expansión de las empresas, la profundización de los mercados y, fundamentalmente, difundir, popularizar y extender la riqueza (más riqueza en nuevas manos), en un contexto de mayor y mejor educación, salud, justicia y seguridad de alto calibre para todos y todas.

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