Lunes 19 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Una carta del Presidente Alejandro Maldonado

A treinta días, de su entrega del poder.

— Acisclo Valladares Molina
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El sábado pasado, 12 de diciembre, como todos los sábados, se publicó mi segunda columna semanal en elPeriódico y ese mismo día, por la vía digital, recibí en Londres la carta que me escribiera sobre el tema abordado el Presidente de la República, carta que me permito compartir con ustedes porque revela la inquietud habida, desde siempre, por erradicar la pobreza, en aquel que representa la unidad nacional y que de haber tenido una mandato constitucional más prolongado –mandato que por la vía electoral se mereció con creces– habría sido determinante en nuestra historia.

Dice, así, la carta recibida y que reproduzco, con alguna acotación:

“En tu artículo de hoy tratas asuntos muy relacionados con el marco de la pobreza, problema del que desde hace mucho tiempo te has ocupado y planteado tus atinadas sugerencias, tratándose de un problema de suyo antiguo y recurrente.

Nosotros lo alertamos en los pronunciamientos políticos del Partido Nacional Renovador y lo abordamos en el debate con Manuel Colom Argueta (1976)”.

Para los lectores jóvenes –la inmensa mayoría– lectores que ni siquiera habían nacido para entonces ¡Han pasado 40 años! comparto la colectiva e íntima vivencia de ese singular debate que se diera y que a todos nos llenara de esperanza: ¡Alejandro Maldonado Aguirre y Manuel Colom Argueta, lo mejor de la izquierda y la derecha, ambos con visiones democráticas, hacían posible esa esperanza!

“Anteriormente” –continúa la carta “desde mi gestión como Ministro de Educación, también enfocamos, dentro de la relatividad de los recursos fiscales, la prioridad de un sistema formativo con vocación para interrumpir el ominoso ciclo de la pobreza.

Desde esos tiempos señalamos su naturaleza crítica y circular y, en esos foros, sostuvimos que la pobreza era crítica porque adolecía de todos los ángulos del subdesarrollo: analfabetismo, desnutrición, enfermedad, desempleo y subempleo, y otra docena de indicadores negativos y que, así mismo, era circular, porque el ciclo se repetía en los hijos adultos de los más pobres con los mismos indicadores”.

Aquellos líderes que nunca pudieron gobernar, Manuel Colom Argueta, asesinado, y Alejandro Maldonado Aguirre, excluido por la artimaña electoral, pudieron ser la diferencia pero –sin uno y otro– el conflicto llegó hasta sus más severas consecuencias y, de este, a una paz –firmada– que no llegamos a construir: Tan válido hoy su pensamiento como entonces.

Breve, demasiado breve y tardío –circunstancial– el mandato de Alejandro Maldonado –un mandato del que –sin embargo– hubiéramos querido mayores resultados aunque haya sabido dar, cuanto debía.

“Te imaginas”, me dice en su carta el mandatario, “que por ahí surgen criterios de analistas que, sin aportar nada más que sus dogmas, creen que con las finanzas exhaustas y desvalijadas, se hubiera podido producir el remedio milagroso durante una interinidad que dura menos que la transición del 44-45, transición aquella que tuvo a su favor la potestad de gobernar con decretos leyes y la de heredar un fisco sin deudas y con las arcas llenas, interinidad que tampoco acabó con la pobreza.

“Bueno, querido amigo” –concluye su misiva– “ya vendrán tiempos en que pueda compartir tribunas para ver si debatimos con esos analistas que hacen una realidad lo que bien les advirtió Humberto Eco: “El poder desgasta, al que no lo tiene”.

Al terminar de leer la carta del Presidente –la carta del amigo– sentí –reitero– la necesidad de compartirla para que sepamos aquilatar mejor a este mandatario que debimos tener y no tuvimos: Aquel que, con el voto popular –en un mandato constitucional de cuatro años– hubiera podido marcar la diferencia para que nunca más se quede atrás ninguno de nosotros .

El 14 de enero, Alejandro Maldonado Aguirre y Alfonso Fuentes Soria resignarán el mando en el binomio presidencial electo, binomio que tendrá cuatro años por delante: Cuatro años para romper el círculo vicioso de la enfermedad, la ignorancia y la miseria.

La revolución cívica –la del estado de Derecho y la conciencia ciudadana ¿Alguien dijo tributaria? La de la rendición de cuentas y la libertad de mercado ¿Alguien dijo monopolios? La del orden y el respeto. La municipal y solidaria –recibirá una estafeta de honradez, de dignidad y de decoro. Estafeta que no es otra que la del deber cumplido y el ejemplo: La semilla, está sembrada.

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