Miércoles 14 DE Noviembre DE 2018
Opinión

La Palomilla

Vivir días dignos de un relato.

— Luis Fernando Cáceres
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A George siempre lo cautivaron las historias. De joven, cuando aún vivía en el estado de Georgia, pasaba noche tras noche en casa de su amiga Wanda. Ahí, ellos y otros amigos, desgajaban las horas contando historias. Relato tras relato vaciaban varias botellas de borbón. Straight bourbon de Kentucky de preferencia. Acomodados en sillas dispuestas por la baranda de la vieja casona de madera cada asistente tomaba turno para contar alguna historia verídica. Todos compartían una anécdota, las únicas espectadoras eran las palomillas que se colaban por agujeros en el cedazo y que, acompañaban la borrachera revoloteando alrededor de la única bombilla que prestaba iluminación, hasta que en un éxtasis abrumador, caían rendidas al amanecer.

Luego de la publicación de sus dos primeras novelas George se mudó a Nueva York. Echaba de menos las noches en la vieja casa del sur así que decidió dejar de publicar y, en 1997, fundó un movimiento llamado The Moth (La Palomilla) para recrear sus atesoradas vigilias narrativas. El proyecto inició en al apartamento de George, pero pronto tomó vida propia y su rápida expansión los llevo a café-bares, librerías, bares y teatros.

Ya no son los eventos privados de antes, ahora están abiertos a toda persona que quiera narrar o escuchar historias verídicas contadas naturalmente, sin tarjetas que ayuden la memoria ni presentaciones.

La primera vez que asistí a un evento de The Moth fue en una librería del Soho que contaba con un café interno donde se configuró un tipo de escenario provisional. Los eventos ahora son identificados con diferentes nombres de acuerdo a su estructura. En los tipo Story Slam los asistentes llegan y colocan un papel con su nombre en un sombrero al entrar. Diez personas son escogidas cada noche. Al terminar cada evento los organizadores despiden a la audiencia diciendo “Ojalá tengan ustedes una semana digna de un relato”. Y eso es precisamente lo que motiva estas líneas. Con las fiestas ya muy próximas y con el 2016 asomándose en la siguiente esquina, a ustedes que han tenido a bien leer este espacio, quiero desearles que el año que está por empezar esté lleno de días dignos de un relato.

Espero que recuerde lo mucho que enriquece su vida exponerse a nuevas vivencias y que favorezca las experiencias sobre adquisiciones materiales. Espero que inmortalice las siguientes 52 semanas con actividades que le den motivos para sonreír por muchos años más. Ojalá venza sus temores y se abalance con ilusión hacia la consecución de nuevos proyectos y, ojalá, que no deje ningún deseo que sea importante en su vida sin explorar.

Si logra llenar los minutos de las horas con vida y logra llenar las horas del día con pasos directos hacia ese lugar que ha escogido como meta, habrá enriquecido enormemente su vida y se habrá acercado innegablemente a su paraíso personal.

George Dawes Green tiene razón al exaltar tanto la actividad de compartir relatos, porque en esa exaltación va implícita lo meritorio que resulta exponerse a nuevas vivencias y lo valioso que es rodearse constantemente de sus personas favoritas para compartir con ellas lo que es importante para usted.

Así que, con un poco de antelación, le deseo un 2016 construido con días llenos de vida y abarrotados de vivencias que meriten relatos compartidos con su tropa de vida.

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