Sábado 22 DE Febrero DE 2020
Opinión

El desafío del crecimiento económico

Debe apostarse al incremento de la inversión productiva.

Fecha de publicación: 14-12-15
Por: MARIO FUENTES DESTARAC

Según la última Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi), la población que vive en condiciones de pobreza en Guatemala se incrementó de 51.2 por ciento en 2006 a 59.3 por ciento en 2014. En el año 2000, cuando se fijaron las Metas del Milenio de la ONU, el índice de pobreza era 56.4 por ciento. Asimismo, la Encovi determinó que, en 2014, un 23.4 por ciento del total de la población guatemalteca vive en extrema pobreza, en tanto que la extrema pobreza era de 15.3 por ciento.

Si a esto agregamos que la tasa de aumento del Producto Interno Bruto (PIB), es decir la medida macroeconómica de la producción nacional, aumentó en 2006 un 5.4 por ciento, en 2007 un 6.3 por ciento, en 2008 un 3.3 por ciento, en 2009 un 0.5 por ciento, en 2010 un 2.9 por ciento, en 2011 un 4.2 por ciento en 2012 un 3 por ciento, en 2013 un 3.7 por ciento y en 2014 un 4.2 por ciento, así como que la población aumentó de 2006 a 2014 a una tasa anual de 2.4 por ciento, nos percatamos, por un lado, que no se logró mantener el ritmo de crecimiento económico alcanzado en 2006 y 2007; y, por otro lado, que la tasa de aumento poblacional equivale a más del 50 por ciento de la tasa de crecimiento económico. Esta es una explicación de por qué muchos compatriotas emigran, así como de la altísima dependencia que se tiene de las remesas familiares.

 En el Acuerdo sobre Aspectos Socioeconómicos y Situación Agraria, suscrito en México, D.F., el 6 de mayo de 1996, entre el Gobierno y la guerrilla, el Gobierno contrajo dos compromisos, por un lado “(…) adoptar políticas económicas tendientes a alcanzar un crecimiento sostenido del Producto Interno Bruto a una tasa no menor del 6 por ciento anual (…)” y, por otro, que la carga tributaria en el año 2000 alcanzara el 12 por ciento del PIB.

La carga tributaria sobre el PIB en el año 2000 alcanzó el 12.4 por ciento, en 2006 el 13.8 por ciento y en 2007 el 13.9 por ciento. En 2009 la carga tributaria sobre el PIB cayó a 12.1 por ciento y en 2014 se situó en 12.7 por ciento. En 2015 será de 10.3 por ciento, debido principalmente a la incidencia negativa del antieconómico, antitécnico, injusto y antijurídico “Paquete Tributario 2012”.

Aunque la carga tributaria, que no incluye las contribuciones al régimen de seguridad social, ha venido aumentando, salvo este año que ha sido la excepción, el gasto público incremental no se ha traducido en el mejoramiento de las condiciones de vida de la población (bienestar general) y, por consiguiente, en la reducción de la pobreza. Eso sí, aumentó el costo del aparato estatal (burocratización, pactos colectivos de condiciones de trabajo lesivos), el clientelismo político (asistencialismo, Listado Geográfico de Obras), el despilfarro (fideicomisos, ONG, fondos sociales, deuda pública flotante, subsidios), la ausencia de control (ejecución presupuestaria municipal) y la corrupción (fraude, peculado, malversación, enriquecimiento ilícito).

Empero, aunque mejore la calidad del gasto público y que los privilegios tributarios desaparezcan, debemos estar claros que no avanzaremos en la consecución del desarrollo humano sin un crecimiento económico sostenido, o sea en un aumento del PIB, que es la única fórmula que genera riqueza y renta, la que, lógicamente, se traduce en más y mejores empleos, así como en mejor calidad de vida. Esto supone apostar al incremento de la inversión productiva, a la innovación y a la diversificación. En todo caso, no puede haber política redistributiva del ingreso, si no hay algo que redistribuir.

Por tanto, el Estado debe diseñar y ejecutar una estrategia de crecimiento económico basada en la generación de confianza en los agentes económicos a través de la seguridad jurídica (certeza de la aplicación de la ley), la promoción de los negocios y las empresas competitivas, el incentivo a la reinversión de utilidades, un esfuerzo titánico en lograr la calidad educativa y la optimización de la inversión en salud, nutrición e infraestructura física. En fin, deben generarse oportunidades y no amenazas y riesgos.