Miércoles 19 DE Septiembre DE 2018
Opinión

El Presidente tuvo miedo

Las tarjetas de crédito se convertirán en artículo suntuario.

— Méndez Vides
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El Presidente no se atrevió a vetar la aberrante ley de las tarjetas de crédito, cuya última modificación la hizo dar un giro de trapecista que en apariencia controla a los empresarios pero en realidad aprieta a los ciudadanos. A la clase media alta y alta el cambio no les hará ni cosquillas, ellos seguirán utilizando sus tarjetas con las facilidades de siempre. Pero sí se castiga a la clase media típica frenándola, y se restringe a la masa popular en desarrollo. El dinero plástico se podría convertir en un artículo suntuario, como lo era antes: privilegio de pago exclusivo de quienes no necesitan del crédito.

La nueva ley es un monstruo que contradice al Congreso que la propuso, porque si los diputados estaban tan dispuestos a promover la austeridad de los ciudadanos, tampoco debieron aprobar el exagerado endeudamiento contenido en el presupuesto del Estado. ¿Cómo es posible que endeuden a la población por décadas, para cubrir la ineficiencia gubernamental, mientras se limita a la gente a disponer de crédito por no más allá de dos meses de sus ingresos?

Al presidente Maldonado le correspondía vetar la ley, regresarla al Congreso para su revisión cuidadosa, porque la regulación es correcta pero detener la actividad financiera práctica y sencilla de los ciudadanos podría ser un desastre. Quizá existen diputados, pensando mal, que antes de salir expulsados del hemiciclo planearon invertir su fortuna en el negocio de la usura. Chepes, Juanes y Pedros van a andar prestando dinero a diestra y siniestra en las calles y mercados. Crecerá el negocio del empeño, y pronto veremos gente con sus joyas de la familia, camas y licuadoras haciendo cola frente a ventanillas de vidrio polarizado.

Estamos a las puertas de regresar al pasado, y todo porque al presidente Maldonado apenas le queda un mes de comodidad en el puesto y siendo prudente no habrá querido correrse el riesgo de tomar una decisión de estadista. Prefirió dejar el enredo al que viene, porque este asunto del crédito tiene un punto de vista emotivo realmente complejo. Las tarjetas de crédito son un mal necesario que en efecto tiene que ser regulado, pero el peor Congreso de nuestra historia decidió aprobar la ley a la carrera, dándoselas de muy sociales y sin analizar las consecuencias. No se puede frenar el desarrollo por culpa de quienes caen por necesidad o ignorancia en apreturas, así como no sería lógico prohibir el consumo de bebidas alcohólicas por culpa de los bolos. Hay que normar a las empresas que prestan y a los usuarios, pero nunca tender al estancamiento. Ahora solo falta que en lugar de los siete años conquistados para la compra de un carro, volvamos a los tiempos del contado y a la bicicleta bajo la lluvia.

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