Martes 23 DE Julio DE 2019
Opinión

Escuchen…

La voz de los pueblos.

Fecha de publicación: 09-12-15
Por: Anabella Giracca

Dicen por ahí que los peores sordos son aquellos que no quieren oír. La FAO, en un importante informe sobre seguridad alimentaria, nutricional y pueblos indígenas en Guatemala, deja sentadas las bases para advertir una insistente tragedia avasalladora. Cerca del 80 por ciento de los indígenas son pobres y el 40 por ciento vive en extrema pobreza. Contemplan los índices más bajos de alfabetización, y el 67 por ciento de los infantes padece de desnutrición crónica (en algunos lugares es superior al 90 por ciento). El limitado gasto social, la baja inversión pública en infraestructura básica, la consecuencia de la reducida carga tributaria y la mala recaudación fiscal, constituyen factores determinantes. Luego de intensos diálogos con los pueblos indígenas, sus voces y demandas son muy claras: han ingresado prácticas que difieren de la concepción alimentaria indígena incidiendo en las deficiencias nutricionales. Hay un continuo despojo y dificultades para asegurar el acceso a la tierra, origen de continuos conflictos. Los monocultivos desplazan la producción tradicional por variedades mejoradas cultivadas extensivamente afectando la lógica del “sistema milpa”. Existe un uso perverso de agroquímicos. Prevalece la sustitución del consumo sano por la ingestión de productos industriales sin valor alimenticio. Hay pérdida de semillas nativas y de la agrodiversidad. Falta de equidad en las políticas de seguridad y justicia para los pueblos indígenas. El Estado ha violentado el derecho de los pueblos al introducir transgénicos y productos procesados dañinos. Predomina la contaminación del agua y de la tierra. La deforestación, erosión del suelo y pérdida de la biodiversidad. La alta presencia de enfermedades infecciosas asociadas con la desnutrición. La práctica de la famosa “bolsa” implica dependencia y marginalidad. Los cultivos ancestrales se han afectado por el cultivo de palma africana y otros productos agrícolas de exportación. Se han realizado acciones que no corresponden con la idea de soberanía alimentaria; más que apoyo, se da asistencialismo y el Gobierno actúa desde un concepto “colonizante” que crea dependencia. Las respuestas a las necesidades alimentarias se generalizan y no corresponden a las necesidades específicas de cada pueblo. Por si fuera poco, los problemas se agravan por el cambio climático.

No se toma la participación protagónica de los pueblos en la gestión de políticas relacionadas a seguridad alimentaria. No se quiere escuchar.

“Hablo para taparle la boca al silencio”. Humberto Ak’abal.