Miércoles 14 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Tarjeta roja a la dirigencia corrupta del deporte nacional

Poderosas redes para agenciarse de privilegios y negocios ilícitos.

— Manfredo Marroquín
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Como episodio de una serie televisiva el último destape del proceso investigativo sobre la corrupción en la FIFA, involucró a tres guatemaltecos directivos del fútbol nacional que según las acusaciones de la fiscalía estadounidense, participaron en sobornos para la venta de los derechos de transmisión de las distintas competencias mundiales y regionales.

Si algún guatemalteco todavía se pregunta por qué tenemos un desempeño tan mediocre en el deporte más popular, una de las respuestas obligadas que explican el porqué no hemos llegado a un Mundial, es la corrupción que envuelve a ese deporte que incluso pudo haber llegado al pago de sobornos a cambio de poner a Guatemala en un grupo clasificatorio donde sus posibilidades eran menores. Pero hay que decir que la corrupción no es exclusiva del fútbol, en prácticamente todas las disciplinas federadas hay sospechas y señalamientos de malos manejos por parte de las directivas que administran los fondos públicos asignados por mandato constitucional.

En un país donde la mitad de los niños menores de cinco años padece desnutrición crónica, es un verdadero lujo que se asignen cuantiosos recursos para el deporte federado, olímpico y no federado, que por mandato constitucional es del tres por ciento del Presupuesto General de Ingresos ordinarios, en tanto que para el Organismo Judicial es del dos por ciento. Al igual que en el sistema de partidos políticos, en el deporte se han articulado poderosas redes de intereses que mantienen capturada la dirigencia deportiva para agenciarse de privilegios y negocios durante largos años, siendo una mina de oro de enriquecimiento ilícito.

Hace más de un año, Acción Ciudadana dirigió una carta al exdirigente de Concacaf Rafael Salguero, exhortándolo a hacer público el “Informe García”. Ahora entendemos la razón porqué nunca recibimos respuesta de esa solicitud que tenía como objeto instar a las autoridades de la FIFA a hacer público ese informe que contenía el resultado de la investigación sobre sobornos y otros actos de corrupción de la organización mundial futbolera, encomendada a García y al juez alemán Hans-Joachim Eckert, por el comité de ética de esa organización.

De muy poco le sirvió a la FIFA escudarse en argumentos legales para ocultar el citado informe, pues las investigaciones realizadas por el exfiscal estadounidense García, obviamente han servido de base para fundamentar las acusaciones contra los más de 40 directivos de FIFA que ya se encuentran encausados penalmente, tanto en Europa como en Estados Unidos.

En cuanto a Guatemala concierne, este nuevo episodio en el FIFAgate debería ser un aliciente para escudriñar las cuentas nacionales relacionadas con todas las ramas deportivas que se financian con recursos públicos y otras privadas que gozan de privilegios para promocionar actividades deportivas.

Si alguien duda de la picardía de los dirigentes deportivos señalados basta con ver cómo al conocer los señalamientos en su contra, el señor Jiménez dio una conferencia de prensa diciendo que estaría dispuesto a colaborar con las investigaciones, pero al saber sobre su orden de captura se esfumó en las narices de nuestras autoridades.

Los países que cuentan con equipos competitivos a nivel mundial tienen su asidero en la cultura de los clubes, es decir, espacios donde confluye una comunidad integrada por deportistas, vecinos, padres de familia, etcétera, y que están inspirados en valores que van más allá del negocio y el patrocinio.

Lamentablemente en Guatemala el único deporte que se ha arraigado con éxito es el de la corrupción, que nos brinda verdaderos goles olímpicos casi a diario.

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