Lunes 24 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Los indeseables

Las 22 cárceles del país se encuentran con problemas de sobrepoblación.

— María Aguilar
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La semana pasada, un motín en la Granja Penal Canadá en Escuintla dejó 17 reos muertos. Los asesinatos dentro de las cárceles de Guatemala son frecuentes, en agosto pasado, en la cárcel de El Boquerón, se hallaron los cuerpos de siete reclusos en toneles. Lo preocupante es que sectores de la población aplauden estos asesinatos argumentando que son los indeseables miembros de maras y delincuentes. Un ejemplo del poco valor que la población y el Estado asignan a la vida de los privados de libertad fue la Operación Pavo Real del 2006, cuando se determinó que funcionarios del gobierno de Óscar Berger cometieron asesinatos extrajudiciales de reclusos.

Hoy, las 22 cárceles del país se encuentran con problemas de sobrepoblación. Según cifras oficiales estos centros superan en un 212 por ciento su capacidad. A eso debe añadirse problemas de infraestructura y falta de recursos. La existencia de mafias que controlan las prisiones también afecta la administración de los recursos. En la investigación “Fraijanes”, la CICIG develó cómo funcionarios del Ministerio de Gobernación incurrieron en estafa, lavado de dinero y fraude con fondos destinados para la remodelación de las cárceles Fraijanes y Santa Teresa. Luego, en el 2014, la CICIG reveló que el reo Byron Lima junto a ocho personas, incluido el Subdirector del Sistema Penitenciario, lideraba una estructura criminal desde la prisión, en donde se dedicaban a lavar dinero y realizar cobros ilegales a otros reclusos. Fue hasta que se develó el escándalo de La Línea que surgió interés en discutir las condiciones de los centros carcelarios dado que funcionarios del Ejecutivo fueron enviados a prisión y denunciaron las pésimas condiciones.

Cuando la población aplaude la muerte dentro de las cárceles olvida que los recluidos –especialmente cuando se habla de maras– el grupo más odiado del país, son producto de la sociedad, la inequidad y la pobreza, de la avaricia de las elites y de los gobernantes y sus políticas corruptas. Sin embargo, en Guatemala los criminales más peligrosos son los hombres y mujeres sentados en oficinas de gobierno y edificios de lujo planeando desfalcos al Presupuesto General de la Nación, sin pensar en el pueblo. Ellos son las verdaderas maras.

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