Jueves 18 DE Julio DE 2019
Opinión

Elegir tipos de convivencia

Coincido con una canción que llegó cabal hoy y que pueden escuchar en: https://www.youtube.com/watch?v=a6FLUemLrnM

Fecha de publicación: 05-12-15
Por: anamaría cofiño

Si como sociedades nos organizáramos para escoger cómo queremos vivir y no solo a quienes nos gobiernan, quizá las elecciones tendrían más sentido. Desgraciadamente, los procesos electorales se han vuelto costosos enfrentamientos entre partidos jerárquicos encabezados por caciques sin proyecto; asociaciones defensoras de intereses privados; grupos armados y militares, apoyados por potencias extranjeras. La población generalmente queda al margen, salvo al momento de emitir el voto, luego de que ha sido obligada por los medios masivos de coerción a cumplir con un deber impuesto.

Aunque cada vez hay más rechazo expreso a esta manera de ejercer la democracia, se sigue repitiendo por presión y por carencia de alternativas. El modelo centralista, en el que un grupo que se dice representativo de las mayorías se abroga todo el poder, ha conducido a abusos y corrupción, contaminando las relaciones entre las personas, minando los vínculos entre los seres humanos con su entorno.

En América Latina estamos viviendo el colapso de un sistema económico y político que no resuelve las grandes desigualdades que afectan a las mayorías. Desmoronamiento que se manifiesta en la ruina de los Estados, el deterioro de la calidad de vida, el incremento de las violencias y el descrédito en el sistema de engaños que predomina.

Este fin de semana es crucial para nuestro continente. Las elecciones parlamentarias en Venezuela constituyen un momento determinante para el futuro compartido. Allí se está librando una batalla más de la guerra fría encabezada por Estados Unidos y las oligarquías de derecha. Aunque la Revolución Bolivariana sea un proceso inacabado y en el camino se hayan cometido errores, lo que está en juego es la posibilidad de ser países con auténtica independencia para decidir cómo gobernarnos.

Las estrategias de la guerra sucia, los boicots económicos, la manipulación de la información, las amenazas y el uso de todo tipo de violencias son bien conocidas, sobre todo en Guatemala, laboratorio de la CIA para interrumpir el proceso democratizador desde 1954. No es casual entonces que los medios masivos, propiedad de empresaurios conservadores, invisibilicen, oculten y engañen a la población, espantando con el fantasma del comunismo e invirtiendo millones de dólares en evitar a toda costa que los pueblos decidan cómo vivir.

El bienestar de las sociedades solo se puede alcanzar con justicia. Eso implica hacer transformaciones profundas que cambien el implacable sistema de acumulación por uno de colaboración. Orientar la gestión gubernamental hacia la satisfacción de las necesidades de las mayorías, construir condiciones para el desarrollo de sus capacidades, eliminar todas las discriminaciones, abrir espacios de libertad y propiciar la dignificación de la vida en común son vías para lograrlo. Esto es lo que al imperio le da escozor, por eso interviene con toda su fuerza y enjundia.

Defender la soberanía popular, la vigencia de los derechos humanos, nuestros territorios y bienes, es tarea que requiere valor, decisión y empeño. Ojalá sepamos hacerlo.