Martes 18 DE Septiembre DE 2018
Opinión

El Estado como botín de las mafias

Así Guatemala llegó al siglo XXI con elites viejas y nuevas…

— Irmalicia Velásquez Nimatuj
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El Estado guatemalteco a partir de 1954 empezó a convertirse en el botín más asediado por las múltiples expresiones del crimen organizado. Primero fueron las compactas elites corruptas del ejército, las que a finales de la década de 1960, se apoderaron e incrustaron sus cuadros en casi todas las instituciones del país. Para finales de la década de 1970, esas elites militares empezarían a ser las encargadas de controlar el trasiego y la venta ilegal de armas y de drogas, ya no solo en el país sino en parte de la región centroamericana. Para la década de 1980 esa misma elite militar se benefició de la industria de la guerra y la impunidad que construyó, copando simultáneamente, el sistema de justicia.

Con la Constitución de 1985 se inició un proceso que apertura espacios para algunas elites civiles que empezaron a medir fuerzas con las viejas elites militares por el manejo del Estado. Ambas elites, en disputa o en contubernio, logran copar las instituciones claves del Ejecutivo, Legislativo y Judicial. Con la firma de los Acuerdos de Paz empiezan a emerger elites regionales y locales que deciden dar batalla por el control de la institucionalidad y empiezan haciéndolo desde el poder local: controlando gobernaciones, municipalidades y luego los Consejos de Desarrollo.

Así Guatemala llegó al siglo XXI con elites viejas y nuevas, nacionales y locales, que vieron al Estado como el mejor botín para iniciar o ampliar sus negocios, desde los lícitos hasta los ilícitos. El Presupuesto General de la Nación ha servido para conservar, incrementar o crear nuevas fortunas y cada año el Congreso de la República es la mejor vitrina para observar cómo cada uno de las y los diputados sirve a esas elites y cómo se esmeran en garantizar que se amplíen los privilegios económicos del sector que los contrata o financia.

Por esta ruina, hoy poco puede hacer el Estado cooptado por las viejas y nuevas elites para responder por las mayorías que languidecen entre la pobreza y la miseria, entre la enfermedad y la hambruna, entre la ignorancia y el racismo, entre la violencia y la impunidad.

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