Lunes 19 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Otro presupuesto de gastos desfinanciado

— EDITORIAL
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El pasado lunes, el Congreso aprobó un presupuesto de gastos para el año 2016, por Q70 millardos 796 millones, prácticamente igual al presupuesto de gastos correspondiente al actual ejercicio fiscal (Q70 millardos 715.4 millones).

Para el pago de estos gastos estatales se proyectan ingresos tributarios por la suma de Q54 millardos 555.7 millones, o sea un ocho por ciento más que la recaudación tributaria de este año, prevista por el Ministerio de Finanzas Públicas (Minfin) y la Superintendencia de Administración Tributaria (SAT), que ascenderá a la suma total de Q50 millardos 424 millones. En todo caso, lo realista hubiera sido asumir un aumento recaudatorio de cuatro por ciento, que ha sido el crecimiento real de la recaudación durante los últimos años.

Para ninguno es un secreto que la recaudación tributaria no levanta, debido, en gran medida, al “mamarracho tributario” aprobado en 2012, que se centró en gravar con más Impuesto Sobre la Renta a la clase media y en sabotear la recaudación del Impuesto al Valor Agregado (IVA) y la recaudación aduanera, así como a la erosión de la moral tributaria derivada de los escándalos de corrupción que han sido revelados por la CICIG y que le han drenado al Fisco millardos de quetzales.

Por otro lado, nuevamente se aprobaron multimillonarios renglones de gastos que acusan alto grado de opacidad, despilfarro y corrupción, especialmente los desembolsos destinados a clientelismo, burocratización, pactos colectivos de trabajo, subsidios y financiar el “sistema paralelo de gasto público” (fideicomisos, oenegés, fondos, secretarías presidenciales, deuda pública flotante y demás).

De esa cuenta, es un hecho que la clase política no está comprometida con la transparencia, la disciplina fiscal y la eficacia estatal, sino que, por el contrario, apuesta al derroche, a la discrecionalidad, a la truculencia y al gobierno manirroto, en fin a la “piñata presupuestaria”, en detrimento, por supuesto, de los servicios públicos esenciales (justicia, seguridad, salud, educación, transporte, alimentación, infraestructura física).

Empero, la pregunta del millón vuelve a ser: ¿Cómo se va a financiar la brecha entre los ingresos fiscales y el techo de gastos? La respuesta del millón volverá a ser la misma: Con más impuestos y con más endeudamiento público.

Ya se comenzaron a escuchar voces que proponen “impuestos temporales”. Esto no es nuevo. Recordamos, por ejemplo, que el expresidente Miguel Ydígoras Fuentes (1958-63) prometió que el ISR sería temporal, pero, finalmente, fue permanente, y que el expresidente Jorge Serrano Elías (1991-93) introdujo el denominado Impuesto de Solidaridad Extraordinario y Temporal (ISET), que después se convirtió en un tributo permanente bajo las denominaciones IEMA, IETAAP e ISO. Asimismo, los bonos del Tesoro respectivos ya fueron autorizados por la Junta Monetaria, por lo que la espiral de endeudamiento público seguirá viento en popa.

Lo que sí es cierto es que ningún dinero es suficiente para los políticos y que aun y cuando siempre hay más los servicios públicos esenciales no mejoran. ¡Qué tal!

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