Lunes 22 DE Julio DE 2019
Opinión

Imprescindible plan de regulación vial

Hasta la fecha no existe en la Municipalidad un plan para enfrentar este problema.

Fecha de publicación: 30-11-15
Por: Marcela Gereda

Las supuestas e ilusorias ofertas del “Black Friday” hicieron evidente que esta ciudad es ya algo invivible, impracticable e insoportable. Pero el caos vial ya no es solo característico de esta época sino de cualquier día en la caótica ciudad de Guatemala.

Automóviles, camionetas, motos, peatones, bicicletas, bicitaxis circulamos en un espacio e infraestructura que corresponde para una población de menos de un millón de personas, es decir que estamos haciendo un abuso y explotación inaudita del espacio.

Se estima que cada día circulan cerca de un millón de carros en la ciudad, de los cuales unos 645 mil provienen de otros municipios. Es más que obvio que el origen del caos vial de esta ciudad responde a la falta de infraestructura y a la inadecuada red vial para sostener el actual tráfico y población. Somos una población muy grande para un espacio muy reducido.

Según la SAT, esta ciudad cuenta con un parque vehicular de 2 millones 591 mil 213 vehículos, los cuales siguen siendo adquiridos de manera desmedida y desregulada.

No importa la clase social de donde se provenga, estos días de absoluto caos de tráfico afectan a todos los ciudadanos sin distinción. Mares de automóviles que navegan en un espacio que ya no es suficiente para sostener a una sociedad caótica, desregulada, de crecimiento espontáneo y que perpetúa una periferia que se multiplica desmedidamente.

Fue el gran Manuel Colom Argueta quien en la década de los setenta unió la ciudad con la construcción del Anillo Periférico y el Puente del Incienso. Pero la población que crece de manera exponencial y la circulación de carros se ha multiplicado como una hidra de mil cabezas y sin embargo la infraestructura sigue siendo prácticamente la misma de los ochenta.

Ni una sola política de regulación vial, mucho menos de ventas y adquisición de automóviles, se venden como si el espacio y la infraestructura fueran infinitos. Cero responsabilidades de las empresas que venden los automóviles y mucho menos de las municipalidades a quienes les correspondería velar por el ordenamiento, la infraestructura y la regulación vial en la ciudad.

Y es que entre nosotros tampoco parece haber mucha consciencia del uso responsable y colectivo de los automóviles. Y además, a todos se nos parece olvidar que lo importante de estos días de fiesta no es consumir obstinadamente sino compartir en familia. Pero la publicidad es más fuerte que nuestra intuición y caemos entonces en las constantes trampas del mercado: “Esta Navidad regale cosméticos”, “para estas fiestas déjese consentir”, y salimos a las calles a comprar la nada y a inundar la ciudad de caos.

Organizar la Navidad en torno al consumo ha vuelto confuso el sentido de un tiempo donde se comparte la consciencia que es capaz de sentir los latidos de la emoción desde un tiempo colectivo, descuartizando el sentido de la Navidad.

El comercio desmedido y la Navidad orientada a la producción de mercancías masivas convierten las ciudades en enormes espacios de desesperación donde se junta la obstinación del ser humano por consumir la nada y por llegar desesperadamente a un evento.

En medio de las bocinas, el árbol Gallo que genera aún más caos, el cansancio de las masas, el agotamiento que produce el tráfico, y la insistencia de los vendedores, uno toma consciencia de que vamos como ciegos por la vida, respondemos a los cantos de sirena de las denigrantes publicidades navideñas que nos hacen saltar a las calles para consumir inconscientemente y endeudarnos, compramos lo que no necesitamos, damos a nuestros hijos lo que el mercado les hace pedir a gritos y así comenzamos el gran salto hacia un precipicio donde nos ahogamos en desesperación vial.

Hasta la fecha no existe en la Municipalidad un plan serio y efectivo para enfrentar este problema que nos aqueja a todos como ciudadanos, ni entre la población una consciencia para hacer menor uso del automóvil, ni entre las empresas de vender de manera regulada y adecuada en función del espacio e infraestructura disponible para la población que somos. Hoy más que nunca es imprescindible el diseño y funcionamiento de un sistema de trasporte colectivo seguro y de calidad y la consciencia urbana para hacer viajes colectivos. Nuestra ineficacia colectiva es devastadora. Y el primer paso es entender que el diseño de transporte público, eficaz e interclasista es la única salida al precipicio urbano.