Domingo 23 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Jimmy, la Plaza y los perfumados

Guatemala necesita de otro estilo de gobierno.

— Edgar Balsells
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Si algo debiera tener cuidado Jimmy es el de hacer una especie de outsourcing o subcontratación del manejo de ministerios clave, en la economía y en diversos asuntos públicos y sociales, como le pasó a Serrano Elías.

Y es que al no tener un equipo sólido de trabajo y de especialistas, el llamado “candidato sorpresa” o ajeno a la “clase política” puede correr el riesgo de ser apercollado por los intereses de siempre, que tan solo se sienten cómodos con sus “tecnócratas estructurados”. Y es que los nombres que uno oye que suenan y que quieren meterse a puro tubo deben hacernos recordar muchas cosas:

Hay tecnócratas que tienden a deformar la democracia, y es que como ellos no son electos, se creen infalibles dentro de sus perfumados ambientes y desde sus poltronas asustan y emiten medidas de excepción, defendiendo los intereses de quienes en verdad les pagan y los mantienen.

Buena parte de los tecnócratas que han llegado a los ministerios clave en esta era democrática vienen con su caja de herramientas, la que dicho sea de paso está desactualizada en estos tiempos de cambios y nuevas exigencias ciudadanas; y es que las caras que exigimos quienes estuvimos en la Plaza deben portar mentes renovadas y un profundo compromiso ético y social.

Suele llamársele “caja de herramientas”, a los fundamentos teóricos y prácticos que utiliza el tecnócrata para perpetuarse en el poder. Y a mí en particular no me convencen aquellos que se dedicaron a debilitar a los ministerios y llenarlos de fideicomisos y fondos paralelos por doquier.

Tampoco me convencen aquellos que se creyeron “agentes de modernización” y de tajo desmontaron los aranceles y diz que liberalizaron la economía, dejándonos al amparo de tremendos monopolios en importantes ramas de la actividad económica.

Se inspiraron en frasecitas como “las fuerzas del mercado”, “el déficit fiscal es el causante de todos los males”, “hay que reducir el Estado a su mínima expresión”, y una cantaleta de discursos por el estilo que ayudan a explicar la actual crisis hospitalaria y de salud.

Guatemala necesita de otro estilo de gobierno: se trata de uno que no olvide porqué se originó la corrupción rampante, y porqué ocurrieron las grandes quiebras de bancos en el pasado reciente, o el porqué están saliendo nuestros hermanos hacia los Estados Unidos, ante la pérdida del empleo productivo y la desindustrialización que se observa por doquier, en un modelo sostenido por remesas y otros procesos poco ortodoxos y de gran amenaza ética y moral.

Nos hemos convertido en un país exportador de gente, y uno en donde en nuestras ciudades intermedias prolifera el subempleo urbano, mientras que en el campo prevalece la inseguridad alimentaria y el monocultivo se apodera de territorios de preciosa historia, como es el caso de Petén y Las Verapaces.

Debemos tener presente aquella famosa frase del gran alemán Ulrich Beck, quien afirmó que “los agentes de la modernización en economía, ciencia y política se ven desplazados a la incómoda situación del acusado que lo niega todo y al que la concatenación de indicios le lleva a entrar en sudores”.

Y es que más de 25 años de modelo democrático, con esos “agentes de modernización”, bien debiera advertirnos el tomar otro camino, con caras nuevas, sin los perfumados de siempre, que operan en los corredores de lo oculto, negociando créditos fiscales, eurobonos y liberalizándolo todo, hasta dejarnos con hospitales que sus corifeos quieren hacerlos dependientes de los patronatos y de la caridad de las fundaciones de licoreras.

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