Miércoles 14 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Reformas a la Ley de Contrataciones

— EDITORIAL
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No queda más que apostar por el éxito de las reformas a la Ley de Contrataciones.  Más que pesimista, esta es una aseveración realista basada en la experiencia previa en la materia. La corrupción en las contrataciones del Estado, que hoy tanto nos molestan, ocurren a pesar de innumerables reformas previas inspiradas en los mismos principios que la reforma actual: prohibir, castigar, controlar y limitar. ¿Por qué esta tendría que ser distinta?

Los recientes cambios introducidos a la Ley de Contrataciones evidencian el enfoque reduccionista de todos los participantes en el proceso.  Siguen creyendo que haciendo reformas parciales a unos cuantos elementos del interconectado y complejo sistema de la ejecución presupuestaria lograrán cambiar la naturaleza del mismo. No quieren darse cuenta que la corrupción es producto de la interacción entre intereses políticos, personales y económicos y una maraña de confusas normativas legales, entre ellas la Ley Orgánica de la Contraloría General de Cuentas; Ley Orgánica del Presupuesto, Ley anual de Presupuesto; Ley de Servicio Civil; normas de administración y auditoría interna de las instituciones; Ley del Sistema Nacional de Inversión Pública; ley de colegiación profesional; reglamentos orgánicos internos; y ahora Ley Orgánica y Reglamento del INE. 

Se cree que basta con “optimizar” unos cuantos elementos de este complejo sistema para que el mismo cambie su forma de operación. Esto sería como pretender transformar una vieja motocicleta en un Ferrari por el hecho de instalarle el sistema de inyección y suspensión de tan famosa marca de automóviles. Suponiendo, claro está, que las reformas en cuestión reflejan el “estado del arte” en materia de adquisiciones de bienes y servicios dentro del sector público. Quienes crean que este tipo de reformas pueden ser exitosas deberían tratar de entender lo que Einstein quizo decir cuando dijo que “no podemos resolver problemas utilizando el mismo tipo de pensamiento que dio origen a los mismos”. Peor aún cuando las reformas son parciales y no se pueden anticipar a ciencia cierta todas las consecuencias no intencionadas de las mismas, una posibilidad que crece factorialmente en la medida del grado de interconexión entre la normativa existente y los  límites al conocimiento de quienes la ponen en práctica.

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