Domingo 18 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Un extraño motivo de “orgullo”

Nos libramos de los mejores socios.

— Edgar Gutiérrez
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Hacer del aislamiento internacional un motivo de orgullo nacional, no es inteligente. Es una torpeza. La peor miopía en el mundo globalizado del siglo XXI. En este mundo países pequeños como Guatemala deben desplegar una política internacional proporcionalmente inversa a su tamaño.

Los objetivos nacionales se alcanzan diversificando la dependencia y operando eficazmente en los organismos multilaterales. En la región el mejor ejemplo es Cuba y su política exterior digna de gran potencia. No es casual que La Habana acredite misiones diplomáticas permanentes que multiplican por cinco el número de las que están en Guatemala.

Nosotros en cambio quemamos cohetillos cuando los Países Bajos cerraron su embajada. Ni cuenta nos dimos el día en que Austria salió a causa de penosos hechos de violencia contra su personal. Suiza hacía maletas y solo por la gestión de un par de parlamentarios cuyo vínculo personal con Guatemala es muy fuerte, se revirtió la decisión.

Noruega anunció la semana pasada el cierre de su misión diplomática en 2016 y hay quienes lo celebran como un triunfo. Insensatez. Empobrecen las relaciones bilaterales de un Estado, como ocurrió con los Países Bajos, al estrecho círculo de una ONG. Si Guatemala en verdad busca mercados con una buena relación de términos del intercambio, inversiones responsables (no “capitales golondrina”) y fondos de garantía solventes, ¿no son acaso los países nórdicos los mejores socios? Son los países capitalistas más prósperos, con mayor liquidez y los que mejor han sabido administrar sus recursos naturales.

Ahora bien, si un criterio para calificar la amistad o conveniencia de relaciones con otros Estados es que del lenguaje diplomático se eliminen conceptos como “pueblos indígenas”, “equidad de género”, “derechos humanos”, “sostenibilidad ambiental” o “pago de impuestos”, en efecto, nos vamos a quedar solos y perdidos en el mundo. Esa es la agenda internacional de este siglo, que a regañadientes van asimilando incluso potencias como China Continental y Rusia. En medio de tensiones, hacia allí camina la civilización planetaria y la legislación global que progresivamente irá encauzando el comercio y las finanzas internacionales.

Aquéllos no son términos caprichosos, son congruentes con la percepción de riesgos y amenazas a la seguridad humana y al equilibrio de vida en la Tierra. Y en esos conceptos el margen de acción para el desarrollo de países como Guatemala es más amplio que nunca, y nuestros mejores socios –paradójicamente, de quienes nos estamos librando– son los países nórdicos, que además actúan con la libertad de no identificar acá un interés geopolítico inmediato. Nos ayudaron en la paz y en la reconstrucción humana, y en respuesta fuimos a reclamar a sus capitales que fomentaban la “subversión”, cuando lo inteligente era tejer alianzas estratégicas para el desarrollo nacional.

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