Miércoles 26 DE Junio DE 2019
Opinión

Los ataques en París y las verdades a medias

El pasado viernes 13 de noviembre fuimos testigos de una escalofriante masacre colectiva en París que nos dejó helados y sin palabras.

Fecha de publicación: 16-11-15
Por: Marcela Gereda

Frente a los ríos de sangre, el dolor, el horror y el sufrimiento de un pueblo entero, uno no puede más que quedar indignado por el dolor y también al escuchar tantos comentarios y opiniones en las redes, que sin conocimiento de la situación, lanzan opiniones al aire contra los árabes: “hay que sacar a los árabes, los franceses deben cerrar sus fronteras”, comentan las mayorías.

Cuentan algunos sobrevivientes de la masacre de Bataclan, que los tres terroristas que disparaban como bárbaros enloquecidos contra los parisinos inocentes, gritaban: “les haremos lo que ustedes hacen en Siria”. Según datos del diario El País, uno de los autores del ataque al Bataclan, identificado por la huella digital de un dedo amputado, es un ciudadano francés nacido en 1985 en la periferia sur de París, fichado desde años atrás por los servicios de inteligencia franceses por su “radicalización” proterrorista.

Pero una consideración imprescindible, es saber que los terroristas de ISIS atacaron Francia porque la República Francesa, sexta potencia militar del planeta, es uno de los países más directamente involucrados en la guerra en Siria junto dentro de la coalición árabe-occidental.

Los bombardeos a las posiciones de ISIS en Siria han causado considerables bajas al grupo terrorista, que no tiene la capacidad de hacer frente a la potencia de fuego occidental ni de enfrentar un ejército regular. Entonces, de rabia y de odio, ISIS, ataca a Francia en su propio territorio, atrayendo a golpes de propaganda, a jóvenes que crecieron en los suburbios de miseria –y que por conflictos de identidad de descendientes de inmigrantes en barrios de pobreza– encuentran en ISIS un catalizador de sus propios rencores y de odios.

Los ataques no son un asunto de política migratoria –como muchos comentan–, son más bien el efecto directo de una política exterior y de una respuesta a una acción militar emprendida por un Estado contra un grupo terrorista.

Pero la labor imposible de la Policía es tratar de predecir y de neutralizar a quienes cometerán un ataque por cercanías con el islamismo radical, o por sus frecuentes viajes al Medio Oriente. Pierre Janaszak, presentador radiofónico, sobreviviente de la matanza de Bataclan, desde su escondite, escuchó a los terroristas negociar con la Policía así: “es culpa de su Presidente. No tendría que intervenir en Siria”, decían.

Es decir, que para comprender la profundidad de los hechos sucedidos el viernes, hay que estar conscientes de diferentes momentos de la historia. Entre mediados del siglo XIX y mediados del siglo XX, Francia e Inglaterra se dividieron África y Medio Oriente, adueñándose territorios, en un afán colonialista para establecerse como imperios. Tras las independencias de estas colonias (Argelia, Mali, etcétera), Francia siguió manteniendo una presencia colonialista para controlar recursos naturales y los gobiernos locales que mantuvo bajo tutela.

En la década de los 50-70, Francia importó la mano de obra de sus colonias o antiguas colonias para la construcción del país después de la II Guerra Mundial lo que le permitió reconvertirse en potencia mundial. Y como en cualquier país, los inmigrantes de ayer tuvieron hijos y descendencia. Sin embargo, la errada respuesta del Estado francés, fue de parquear en barrios creados exprofeso, con la voluntad semiasumida de mantenerlos al margen de la sociedad.

La guerra en Siria es inmensamente compleja con un componente histórico, cultural, político, étnico, religioso y geopolítico incalculable en el que se enfrentan antiguos dictadores prooccidentales, rebeldes republicanos, ramas de Al Qaeda, ramas de ISIS; y es ese caos que se exporta a Occidente bajo la forma de propaganda yihadista y atentados terroristas.

El monstruo al que se enfrenta Francia, junto a sus aliados europeos y estadounidenses, tiene mil cabezas: es una guerra contra un grupo terrorista que aprovecha y cataliza en tristes ríos de sangre el rencor de las poblaciones marginales de los suburbios. Y son esas juventudes marginales a las que ISIS trata de convertir en su propia carne de cañón para llevar a cabo su guerra pretendidamente santa.

¿Será que fue ahí, en los suburbios de donde nunca lograron salir a causa de haberse institucionalizado la marginalidad y el racismo, que los inmigrantes traídos por el propio Estado francés desarrollaron un odio y un rencor tan profundo hacia la Francia que hoy busca cómo rearmar sus pedazos?