Jueves 20 DE Junio DE 2019
Opinión

El rincón de Casandra

¡Vaya testigo!

Fecha de publicación: 11-11-15
Por: Jacques Seidner

Un juicio de alto impacto en algún lugar del mundo –quizás en Guatemala. El fiscal del MP interroga al primer testigo. Se trata de una señora muy mayor pero que no por serlo deja de mostrar una vivacidad mental impresionante.

El fiscal buscando poner a la testigo de su parte: “Doña Fulanita ¿se acuerda usted de mí? Usted era bibliotecaria de la U cuando yo ingresé a la Facultad de Leyes”.

La testigo. –“Sí, lo conozco a usted señor fiscal illo témpore, y sinceramente estoy bastante decepcionada de su actuación y trayectoria. Es usted un gran mentiroso, le es infiel a su esposa, es un manipulador de testigos además de ser un gran chismoso, y un calumniador inveterado. Además usted pretende ser un Casanova pero es vox pópuli en el ámbito en que se mueve que sufre de eyaculación precoz, que es un mediocre que no ve más allá de la punta de su nariz. ¡Claro que lo conozco!”.

El fiscal se queda aterrado y mudo, rojo de vergüenza y al no saber qué hacer, solo puede señalar al abogado de la defensa y decirle a la testigo: “¿Señora, conoce usted al abogado de la defensa?”.

Doña Fulanita: “Claro que lo conozco. Y desde su juventud. Es un perezoso, obeso además, es alcohólico, sexualmente anormal, y es uno de los peores penalistas de la región. No solo le ha sido infiel a su esposa con tres mujeres diferentes sino que una de ellas está casada con usted, señor fiscal acusador. ¡Claro que conozco al abogado defensor!”.

El abogado de la defensa se queda petrificado, estupefacto, y sin poder articular palabra.

El silencio reina en la sala del tribunal, se podía oír una mosca volar, cuando el juez llama a ambos abogados a consulta.

“Si alguno de ustedes, ¡abogadetes de porra!, se le ocurre la peregrina idea de preguntarle a la testigo si me conoce, los envío a ambos al Boquerón por desacato a la judicatura… y sin derecho a fianza”.

Tal fue el barullo que Casandra nunca supo cómo terminó el juicio, pero lo cierto es que desde entonces nadie en los tribunales se atreve públicamente a preguntarle a alguien si conoce a alguien.