Viernes 24 DE Mayo DE 2019
Opinión

Tierra bendita

Aún falta mucho para cerrar una etapa triste y deprimente de nuestra historia y el esfuerzo de la sociedad civil debe persistir.

Fecha de publicación: 10-11-15

A principios de este año, a través una carta abierta titulada “¿Qué te han hecho mi Guatemala?”, expresaba mi angustia por el camino que estábamos siguiendo como país y me indignaba que no hubiera indignados, a pesar de sufrir abusos, corrupción, impunidad y cinismo. Nos encaminábamos en un proceso electoral que, irremediablemente, nos llevaba a un despeñadero. Por la naturaleza de mi trabajo, me toca enfrentar situaciones de crisis graves en muchas partes del mundo y soy testigo directo de los más grandes horrores causados por las guerras, conflictos sociales y extremismos religiosos, malos gobiernos, egos y ambiciones desmedidos y veía, con espanto, cómo seguíamos los mismos pasos de otros países para convertirnos en un Estado fallido. Mi temor, tantas veces repetido, sobre el “suicidio colectivo” de nuestra sociedad, se confirmaba.

Finalmente, la conciencia ciudadana despertó a tiempo, ayudada por muchos actores, especialmente este medio de comunicación, la Fiscalía General y la CICIG. Los resultados electorales de la primera y segunda vueltas fueron un rechazo contundente, claro y, ojalá, definitivo a los representantes de lo más bajo y lo más sucio de la práctica política. Los electores prefirieron lanzarse al vacío, escogieron lo desconocido, antes que seguir presa de una execrable cleptocracia.

Aún falta mucho para cerrar una etapa triste y deprimente de nuestra historia y el esfuerzo de la sociedad civil debe persistir. “La Línea” no es nada comparada con los negocios de las medicinas, carreteras, dragados, seguridad, migración, minería, concesiones, narcotráfico, municipalidades y cuanto escondrijo hay en la administración pública. El problema de la corrupción es profundo y extenso. El fortalecimiento de la justicia y entes fiscalizadores y el tema de la reforma constitucional nos mantendrán ocupados. Si los diputados no llegan a entender el mensaje ciudadano y continúan con sus prácticas, deberán ser depurados.

Las cifras no mienten y los índices de desarrollo humano, pobreza, transparencia, competitividad, fiscalidad, racismo, medio ambiente, y muchos otros, demuestran que estamos en la cola de América Latina. Y aunque a veces podemos pensar que nuestros problemas son insuperables, si comparamos la situación de Guatemala con la de muchos países del globo, podemos afirmar que esta es una tierra bendita, que lo tiene todo para salir adelante: calidad de su gente, situación geográfica, clima, tierra, sociedad civil comprometida, sector privado dinámico.

El presidente electo Jimmy Morales, por un lado, debe entender las circunstancias de su elección y el porcentaje real del apoyo que recibió, y por el otro la ciudadanía debe reconocer que las nuevas autoridades son la expresión de la voluntad popular. La auditoría social debe elevar sus preocupaciones y el gobierno, a diferencia de los anteriores, deberá escuchar y atender las recomendaciones que se hagan. Es penoso escuchar voces de oráculos que predicen un desastre nacional o de profetas que nos anuncian un destino funesto o de sabelotodos que pontifican sobre los caminos a seguir, según sus agendas e intereses. El señor ni siquiera ha tomado posesión de su cargo y ya se inició el deporte nacional de la descalificación de todo aquel que logra éxito en algo.

Ya demostramos como ciudadanos de lo que somos capaces: hacer tambalear a un régimen y dar un aviso a los defraudadores de la confianza nacional. Esa fuerza, también, debemos usarla de manera constructiva y positiva en este nuevo capítulo de nuestra historia. La oportunidad que se le brinde al nuevo presidente y a las nuevas autoridades, será también una oportunidad para toda Guatemala.