Miércoles 21 DE Noviembre DE 2018
Opinión

La crisis reclama mirada estratégica

¿Cómo se aborda la reingeniería del sistema?

— Édgar Gutiérrez
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El Estado se encuentra en bancarrota y ya no es administrable a corto plazo, al menos con el enfoque convencional de los últimos gobiernos. Estas semanas de transición de Gobierno se vive una “calma chicha” quizá porque no se han corrido los últimos velos que desnudan la realidad. La pregunta no solo es ¿cuánto se necesita para que los hospitales atiendan, las escuelas funcionen bien o los policías tengan condiciones materiales de hacer su trabajo? Más allá: ¿cómo se aborda la reingeniería del sistema?

La tarifa social de la energía eléctrica es un buen ejemplo sobre cómo ciertos mecanismos del sistema son insostenibles y resulta inadecuado darles tratamiento parcial. Mantener el subsidio es inviable, porque cada año se multiplican los usuarios que califican en esa categoría de consumo. Desde que se estableció la tarifa, el monto global del subsidio más que se triplicó, y la no clasificación de los usuarios permitió que se beneficiaran muchos que no lo necesitan, como despachos de abogados, clínicas médicas y otros negocios.

Por otro lado, el costo de producción cayó a casi un tercio de su nivel histórico, gracias a la baja sostenida de los precios del petróleo y la mayor oferta local. Eso significa algo que no hay en otros campos de la actividad económica: buenos márgenes de maniobra de política pública que permiten reenfocar el sistema eléctrico en conjunto, incluyendo el mantenimiento de Chixoy, sin mucho trauma.

No se trata de vestir un santo desvistiendo a otro. Para salir del trance no basta sumar y restar, porque eso significaría entretener la nigua y mantenernos estancados como aparato productivo general. En el dinámico campo de la energía hay que reevaluar todos sus flujos y reflujos, incluyendo cómo el Estado adquiere la autoridad suficiente para imprimir la racionalidad en la distribución global de costos y beneficios. Es probable que una correcta clasificación socioeconómica de los usuarios concluya que quienes están en pobreza extrema solo deben pagar la conexión y cuotas anuales de mantenimiento, pues administrativamente hablando resulta más caro facturar mes a mes.

Sin la reevaluación de los sectores, el Estado solo va a reaccionar donde le apriete el zapato. Así como los usuarios recibieron un amortiguador,  productores de energía también lo han tenido como estímulos fiscales y hay que evaluar si lo siguen necesitando a la luz de un esquema de desarrollo global del país. Por supuesto que las empresas no van a perder, pero es básico establecer el equilibrio y orientar saldos de la riqueza hacia lo que se identifique como nuevos motores de crecimiento por su impacto en el encadenamiento de actividades, en el empleo y el fisco. Para eso, claro está, se necesita una guía de desarrollo nacional, la cual no se inventa en un escritorio burocrático ni haciendo apretacanuto de demandas sectoriales.

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