Viernes 21 DE Septiembre DE 2018
Opinión

¿Quién es su diputado?

Ni lo sabe usted, ahora, ni lo sabrá nunca…

— Acisclo Valladares Molina
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Votamos en las elecciones generales del 6 del septiembre sobre una lista de candidatos que se presenta en distritos electorales que son sumamente grandes lo que hace que uno no sepa quién es su diputado y que los candidatos, por su parte, desconozcan a sus electores, la mejor forma de que, al final de cuentas, no representen a nadie y que sienta uno que no está representado.

Y, a propósito, para corroborar lo cierto de la afirmación, pregúntese usted, quién es su diputado.

¿Quién es su diputado, amigo lector?

En Estados Unidos de América, por ejemplo, los miembros de la Cámara de Representantes son electos cada dos años a través de candidaturas individuales, en distritos pequeños, pudiendo ser reelectos, sistema que hace que sean sumamente cuidadosos de su fidelidad para con los electores de su distrito por una razón fundamental: Si no lo son, ¡tan claro como eso!, no se les reelige.

Otro tanto ocurre en el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte donde las elecciones son cada cinco años, a menos que el Parlamento se disuelva anticipadamente, sistema que también se sustenta en distritos electorales pequeños para integrar la Cámara de los Comunes –sin límite en lo que se refiere a reelección, sistema que obliga a igual fidelidad del electo para con sus electores, sabido de que se paga la infidelidad con la derrota.

El sistema británico –sistema parlamentario– se complementa, además, con el hecho de el gobierno se elija por el parlamento– lo que obliga a que este goce de mayoría en el Parlamento, conformándose entre los parlamentarios electos y hace que estos, en el ejercicio del poder, se cuiden de su fidelidad originaria: sin triunfo en su distrito, dejan de ser diputados y no podrían formar parte de un gobierno sucesivo.

En nuestro sistema el diputado pierde el cordón umbilical con los electores –nunca lo tiene– y en el ejercicio de su “mandato” hace cuanto se le viene en gana, dedicándose al mejor servicio de sus propios valores, principios e intereses, sean cuales sean aquellos de sus electores.

Nuestro sistema de grandes distritos –coinciden estos con los departamentos, salvo el de Guatemala, dividido en dos distritos, igualmente grandes, lleva a absurdos tales como que el mismo listado se presente a los habitantes de Ocós –plena Costa Sur– que a los de Ixchiguán, pleno altiplano, siendo muy diferentes los intereses de unos y de otros.

Si queremos llegar a saber quién es nuestro diputado es preciso que lleguemos a un sistema de distritos pequeños e, igualmente, si queremos que el electo guarde fidelidad a los valores, los principios y los intereses de sus electores.

El sistema de distritos pequeños no es fácil de introducir en nuestro ordenamiento jurídico ya que no basta para hacerlo con reformar la Ley Electoral y de Partidos Políticos, siendo necesaria la reforma de la Constitución de la República.

Además de la necesidad de reforma constitucional es importante que también se tome en cuenta que no deja de dar graves dificultades puesto que en cada distrito se elige a un solo diputado y, en consecuencia, los candidatos ganan o pierden, sin que exista ninguna representación de minorías lo que podría llevar a absurdos tales como el de que una corriente política que tuviera el segundo lugar en todos los distritos, obtenga casi la mitad de los votos en el país –sumados todos los obtenidos en cada distrito– pero que, no habiendo ganado ninguno, se quede sin un solo diputado.

Esta situación podría aliviarse –nunca sería perfecta la proporción– si se sostiene el listado de diputados nacionales (un porcentaje) diputados que serían electos por votación nacional, con representación de minorías.

Otra de las dificultades del sistema de distritos pequeños es que puede llevar a los “cacicazgos” de distrito: Los votos, en cada uno, se buscan con las uñas –se gana o se pierde– y si los comodones persisten en su afán de no arremangarse la camisa y trabajar –no solo opinar– en los procesos electorales, las diputaciones serán capturadas por aquellos que, menos comodones, quizá no sean, en absoluto, los mejores.

La temática electoral no es de soplar y hacer botellas –debemos tener la más amplia discusión nacional sobre este tema– y es alentador que ya se vayan dando cuenta las personas pensantes (Phillip Chicola, empieza a hacerlo, por ejemplo) que las precipitadas, inconstitucionales y poco afortunadas reformas que se pretendían imponer –a sangre y fuego– a periodicazo limpio –podrían no haber sido las más afortunadas.

El debate está abierto –sin forzar situaciones ni imponer necedades– para que rijan en los futuros procesos electorales, a las puertas, el 2019.

Por favor, que no se nos ocurra entonces, cuando ya se haya convocado a estas elecciones, que se discutan, se aprueben y se apliquen al proceso ya iniciado

Todo en la vida tiene su tiempo. Y, a propósito, ¿quién es su diputado? Amén. 

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