Lunes 19 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Peregrinaje

Viaje al interior de uno mismo.

— Roberto Moreno Godoy
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En el corre corre de todos los días, se nos dificulta diferenciar entre lo que nos parece urgente y lo que es verdaderamente importante. Terminamos afanados en temas secundarios, que nos apartan de lo que es esencial. Por ello, aquellas experiencias que nos conducen a hacer un alto en el camino y reflexionar sobre lo que realmente llena nuestra alma, son invaluables.

Mientras unos recobraban el aliento, finalmente arriba en la cima de la loma, varios más subían la empedrada cuesta de la colina. Ahí, en esa pequeña localidad en Bosnia Herzegovina, fue donde unos niños, ahora ya adultos, señalaron haber visto aparecer por primera vez a la Virgen en Medjugorje. Después de esa primera aparición, la Señora se les ha presentado de manera recurrente, brindando cada vez un mensaje distinto. En ese sitio, donde los peregrinos sitúan su destino final, abrazados por un silencio reconfortante y finalmente apartados de las múltiples vendimias de souvenirs, es palpable una mezcla de emociones, recogiéndose expresiones de devoción, camaradería, solidaridad, redención y cumplimiento de ofrendas. Los rostros de los presentes evidenciaban el arribo a una meta largamente deseada, dando cierre a un proceso iniciado por diversas motivaciones. 

Las periódicas apariciones de la Virgen y sus mensajes a los videntes atraen a miles de creyentes. Ese día el mensaje revelado fue sobre el amor, instándonos a que este sentimiento guíe nuestras vidas y nos dé fuerza y esperanza, recordándonos que todo lo mundano desaparecerá y solo las obras de amor nos abrirán las puertas del Cielo. Por ello, debemos evitar que nuestros corazones alberguen odio o indiferencia. Por el contrario, según lo manifestado por la Virgen María en Medjugorje, es el amor que los cristianos profesan a su Hijo el que deben trasladar a todo lo que les rodea, siendo capaces de perdonar y abrigar los mejores sentimientos en sus almas.

El fin del camino es apenas el comienzo de todo. El recorrido permite llegar a una meta planteada, pero también adentrarse en uno mismo. Aunque dichas travesías arrancan en su mayoría con un motivo religioso o espiritual, muchas veces se tornan en un recorrido para reencontrarnos con nosotros mismos y sopesar las cosas que nos rodean. Peregrinar así lleva a una senda que nos presenta la ocasión inigualable para dejar a un lado lo cotidiano y restar valor a todo lo material que con frecuencia aprisiona nuestras acciones y enmarca nuestras deliberaciones. Le invito a que se regale la oportunidad para meditar sobre lo que en verdad es trascendental en su vida. Comience esa jornada que brinda a quienes la experimentan el poder dejar las ataduras a un lado y retomar aquello que aman con pasión y ternura, llevándoles a redimensionar todas las facetas de la vida. Esto no solo le llevará a pedir perdón por sus ofensas y omisiones y a privilegiar a las personas a quienes ama, sino constituirá un viaje al interior de usted mismo.

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