Sábado 22 DE Septiembre DE 2018
Opinión

¿Y el Servicio Civil?

El servicio civil, o la función pública, persigue profesionalizar la atención de las más ingentes demandas colectivas.

— Edgar Balsells
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A raíz de la cadena de casos de corrupción que se vienen sucediendo desde el 16 de abril, el Congreso de la República, con el propio diputado Luis Rabbé a la cabeza, convocó a cuatro mesas de discusión, que van desde el tema de los partidos políticos, pasando por la seguridad y la justicia, hasta las contrataciones del Estado y el delicado caso del servicio civil.

El servicio civil, o la función pública, como se le llama en otras latitudes, persigue profesionalizar la atención de las más ingentes demandas colectivas; desde tramitar un pasaporte, o un documento de identificación, hasta educar niños y prevenir y curar enfermedades. Como seres societarios que somos, necesitamos por fuerza de soluciones complejas y civilizadas, a través de la acción del Estado, movidas a través de servidores públicos.

Sin embargo, los personalismos, los amiguismos, los prebendalismos, los clientelismos y otros “ismos” por el estilo, impiden que las organizaciones públicas se desenvuelvan con base a regímenes del mérito, el concurso, las oposiciones, y en fin, del reclutamiento y contratación de los mejores, y no los “amiguetes”.

En nuestro medio persiste una conducción violenta, patrimonial e incluso un fenómeno tan primitivo que algunos expertos le denominan como “sultanístico”, que viene de ciertas sociedades asiáticas, machistas y nada democráticas.

En todos estos procesos lo que se busca es la cooptación del presupuesto y de los recursos del Estado, siendo un caso típico el que hoy sale a luz con los “negociantes de la salud”, y que se caracteriza por el amaño de licitaciones, la colusión en temas de precios y participación, y en fin una serie de esquemas de obtención avariciosa de riqueza, que inciden en el déficit fiscal, y en la merma del bolsillo de los usuarios.

Siendo presidente de la Comisión de Servicio Civil el diputado Pedro Muadi, quien paradójicamente está en la Brigada Militar Mariscal Zavala por amañar el servicio civil congresil, planteamos una novedosa propuesta al respecto, con visión renovada de la función pública: la misma está basada en el estímulo al mérito individual, y aboga por la evaluación del desempeño de los servidores públicos.

Se aboga también por una Junta Disciplinaria de primer nivel, que tenga como catecismo a la Ley de Probidad, y por la firma de pactos de adhesión de: el Organismo Ejecutivo, el Judicial, el Legislativo, las municipalidades y las entidades autónomas que considera la Constitución Política.

La propuesta plantea la urgente ejecución de un estudio actuarial que nos ayude a considerar la sostenibilidad de los diferentes sistemas, siendo que su penosa situación obligará, más temprano que tarde, a que el fisco tenga que entrar a sanear una serie de fondos de retiro.

Esta discusión y las propuestas que de la misma emanan no pueden terminar con una tímida ley que simplemente eleve a la calidad de “Secretaría” a la hoy obsoleta Oficina Nacional de Servicio Civil, y es que como bien lo dijo Luis Linares, investigador de ASIES, “eso solo sirve para subirle el ego al actual Jefe”.

Normar y uniformar el servicio civil es fundamental para evitar el manipuleo de políticos y hombres de negocios, en el soborno de oficiales que actúan desde dentro de las instituciones, y que semanalmente van cayendo como moscas, bajo la figura delictiva del “cohecho pasivo”.

Nuestra conclusión es que la nueva institucionalidad debe ser de alcance general, al estilo de la Contraloría General de Cuentas de la Nación, y ello solo se logra si nos despojamos de esa pétrea cultura de los legalismos, y falsas autonomías, y pasamos a la cultura de la lógica y la racionalidad civilizada.

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