Martes 21 DE Mayo DE 2019
Opinión

Deuda en deuda

Debe demandarse el uso honesto y eficiente de los recursos públicos.

Fecha de publicación: 03-11-15
— Hugo Maul R.

El principal problema con la deuda pública no es su nivel respecto del PIB, de la recaudación tributaria o de cualquier otro indicador. Aunque estos análisis de sostenibilidad de la deuda son muy importantes, ya que revelan importante información acerca de los riesgos macroeconómicos asociados a determinada trayectoria de endeudamiento, en términos prácticos no dicen nada acerca del uso que se le dan a los recursos que se obtienen por esta vía. Cuando se argumenta que Guatemala no tiene problemas en este sentido debido a que la proporción de la deuda pública respecto del PIB es relativamente baja, se pierde de vista que el principal problema de la deuda pública no es, en primera instancia, su monto sino la rentabilidad económica y social de estos recursos. Si bien es cierto que la deuda no debería crecer a un ritmo superior al de la producción nacional y que el servicio de la deuda externa debería guardar cierta congruencia con la evolución del sector externo de la economía, en el caso de Guatemala este tipo de consideraciones pasan a un segundo plano mientras no se resuelvan todas las dudas acerca del tipo de gastos que se financian con la deuda pública.

Mientras no exista una buena planificación del gasto público, prioridades claras dentro del presupuesto y no se evalúen adecuadamente los resultados del endeudamiento, cualquier aumento de la deuda está destinado a seguir la misma suerte de decenas de miles de millones de quetzales en el pasado. En las circunstancias actuales, existen altísimas probabilidades que cualquier quetzal adicional que caiga en el Fondo Común sirva para financiar gastos de funcionamiento de dudosa necesidad, legitimidad y rentabilidad. En lugar de gastar tiempo y energía en interminables debates en torno al papel que debería jugar la deuda pública en el financiamiento del gasto público, sería más provechoso concentrarse en demandar el uso honesto y eficiente de los recursos que los distintos niveles de gobierno tienen a su alcance. Mientras el gasto público no refleje adecuadamente las prioridades del país, no se ejecute con honestidad, no se evalúe adecuadamente su calidad y no se transforme en resultados valiosos para la población, el hecho que el gasto público se financie con deuda pública añade poco a la historia: al final, todo gasto del gobierno lo paga, tarde o temprano, el contribuyente.

Todas las consideraciones acerca de los riesgos que conlleva la deuda pública se centran en los síntomas de la enfermedad, no en su causa principal. El constante aumento de la deuda es solo el síntoma de un gasto público que crece sin pausa. El cual, a su vez, es producto de una enfermedad más grave: la ineficiencia y corrupción en su ejecución, así como de la equivocada idea que el progreso social y económico es función única de la acción estatal. Así como la deuda no es sustituta de los ingresos tributarios, tal y como rezaba el Pacto Fiscal, el gasto público tampoco es sustituto de la creación de riqueza y generación de nuevas oportunidades productivas.